Protonterapia: innovación privada, salud y beneficio social
Dr. Javier Aristu
Director clínico de la Unidad de Terapia de Protones
14 de febrero de 2026
Este artículo ha sido publicado en La Razón.
El próximo mes de abril hará seis años que se puso en marcha en España la Unidad de Protonterapia del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra. En aquel momento, la protonterapia era todavía un concepto lejano o desconocido para la mayoría de los pacientes y un proyecto de futuro para los profesionales sanitarios. Hoy, más de 1.500 personas han sido tratadas con esta técnica en nuestro hospital y España cuenta con un horizonte realista para extender esta modalidad terapéutica al Sistema Nacional de Salud. Esa evolución no ha sido fruto de la casualidad, sino del compromiso sostenido de dos centros de referencia de la sanidad privada con la innovación, la investigación y la docencia.
Instalar un acelerador de protones en nuestro país fue, en 2020, una apuesta decidida, arriesgada y profundamente responsable. Supuso una inversión que el sector privado asumió con visión de largo recorrido. El proyecto no se diseñó para crear una burbuja de excelencia aislada, sino para abrir camino. La evolución tecnológica ha sido constante desde entonces. La incorporación de nuevos sistemas de imagen avanzada, como los últimos equipos de TAC integrados en planificación radioterápica, permite delimitar con mayor precisión el volumen tumoral y adaptar cada sesión con una exactitud milimétrica. La protonterapia no es solo un acelerador de partículas; es un ecosistema de innovación clínica donde la Física Médica, la ingeniería y la Oncología trabajan de manera coordinada para personalizar cada tratamiento.
Además, la investigación desarrollada en el Cancer Center Clínica Universidad de Navarra ha permitido generar modelos predictivos y protocolos específicos que ayudan a mejorar la atención y la eficacia de esta radioterapia externa. Este conocimiento, publicado y compartido con otros centros, convierte la experiencia local en patrimonio colectivo.
A esa dimensión estratégica se suma algo que a veces queda fuera de las cifras: la experiencia concreta de los pacientes. En estos años hemos visto cómo niños con tumores cerebrales, adolescentes con sarcomas complejos o adultos jóvenes con recaídas delicadas podían recibir un tratamiento radical con menor impacto sobre tejidos sanos, reduciendo secuelas neurológicas, endocrinas o cardiovasculares que antes eran prácticamente inevitables. Padres que llegaban con miedo y se marchaban hablando de futuro. Familias que no solo pedían curarse, sino poder volver a su vida con normalidad. Esa es la verdadera medida del progreso. En estos cerca de seis años, la experiencia acumulada, la ciencia generada, los datos compartidos y la acogida de profesionales para su formación han demostrado una vez más que la colaboración entre el ámbito público y el privado es posible y también necesaria para que España avance en terapias de vanguardia. Dos hospitales de la sanidad privada han permitido acelerar este proceso en beneficio de todos los pacientes.
A la vez que los centros públicos preparan sus futuras unidades –impulsadas de manera admirable por la generosidad de la Fundación Amancio Ortega–, nuestros equipos han trabajado desde el primer día con el objetivo de que nadie tenga que empezar desde cero. Abrir nuestras puertas a otros hospitales, compartir protocolos, experiencias, éxitos y dificultades forma parte del ADN de un hospital académico como la Clínica Universidad de Navarra. Enseñar, investigar y curar no son tres verbos independientes, sino un mismo compromiso con la sociedad que no entiende de siglas. Decenas de oncólogos radioterápicos, radiofísicos, técnicos y enfermeras de hospitales públicos y privados han pasado por nuestras instalaciones para formarse. Han observado, preguntado, participado y, después, han regresado a sus centros con la seguridad de que implantar una unidad de protonterapia es posible. No se trata solo de tecnología, sino de personas capacitadas para utilizarla con criterio clínico.
En un contexto sanitario tan exigente como el actual, nuestra sanidad no puede permitirse compartimentos estancos. La calidad y el talento de nuestros profesionales sanitarios son realmente valiosos y la protonterapia es un ejemplo de que, cuando la medicina privada avanza, la pública también progresa. Y cuando la pública crece, la privada aprende. Es una sinergia virtuosa que beneficia al paciente, que es el centro de la vocación de todos los profesionales sanitarios. El SNS se prepara para incorporar progresivamente esta tecnología y sabemos que los futuros equipos llegarán con un bagaje científico y clínico gracias a años de experiencia previa y a la formación de decenas de profesionales en los centros de protonterapia activos en la actualidad.
El verdadero valor de un sistema sanitario que aprovecha todas sus fortalezas es que la innovación repercuta en todos. La medicina, o tiene este sentido de colaboración social, o es otra cosa. Cuando un sistema sanitario es capaz de sumar experiencia, conocimiento y generosidad institucional, la innovación deja de ser un privilegio y se convierte en un bien común. Y ese, probablemente, es el mejor indicador de que estamos trabajando bien y con responsabilidad social.