Cuidar el corazón desde la infancia
Dra. Olga Carvajal
Pediatra de la Clínica especializada en Cardiología Infantil
15 de junio de 2026
El corazón de nuestros hijos empieza a escribir su historia mucho antes de lo que se pensaba. Hoy sabemos que la salud cardiovascular se construye desde la infancia y que muchos problemas en la edad adulta son consecuencia directa de los hábitos adquiridos en los primeros años. Por ello, es fundamental que padres y futuros padres adopten esta perspectiva.
La evidencia científica es contundente y demuestra que factores como el peso, la presión arterial o el colesterol en la infancia se asocian directamente con infartos o ictus en la edad adulta, aumentando el riesgo hasta cinco veces. En el caso de la obesidad infantil, el riesgo de mortalidad cardiovascular puede duplicarse o incluso triplicarse. También se ha comprobado que la aterosclerosis, que daña progresivamente las arterias, puede comenzar a edades muy tempranas, incluso sin síntomas.
La presencia de estos factores en la infancia los acompañará toda su vida. Lo que ocurre en esos primeros años deja huella y, aunque en la edad adulta se normalicen los factores de riesgo, su impacto persiste.
Sin embargo, existe una buena noticia: la infancia es una ventana de oportunidad única. Si se interviene de forma precoz y se controlan los factores de riesgo antes de la edad adulta, es posible revertir ese impacto. Actuar a tiempo cambia el rumbo de la salud.
Los niños tienen una gran capacidad para aprender, absorber e integrar lo aprendido, incorporando esos cambios como nunca después. Tras años de experiencia atendiendo a pacientes infantiles en consulta, puedo decir que cuando un niño logra modificar sus hábitos, está realmente transformando el estilo de vida que mantendrá en el futuro, lo que refuerza la importancia de intervenir en esta etapa.
Prevenir con hábitos sostenidos
¿Y qué pueden hacer las familias en el día a día? La prevención no depende de medidas complejas, sino de hábitos sostenidos. La actividad física es el pilar fundamental: no solo el deporte, sino el movimiento cotidiano, el juego y una vida activa. Las recomendaciones son claras: en edad preescolar los niños deben moverse al menos tres horas al día (jugar, correr, saltar), mientras que escolares y adolescentes necesitan al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa, como correr, montar en bicicleta o practicar deportes. No es necesario ser un atleta, pero moverse más ya marca la diferencia, y hacerlo desde la infancia protegerá el corazón durante décadas.
Como padres, la clave está en fomentar los hábitos. Un niño activo tiene muchas más probabilidades de convertirse en un adulto activo. Por eso, más que imponer ejercicio, se trata de crear un entorno donde moverse sea natural, divertido y parte del día a día.
Junto a la actividad física, otros pilares completan el cuidado del corazón: una alimentación equilibrada, limitar el tiempo de pantallas, evitar la exposición al tabaco y realizar revisiones pediátricas periódicas. En este sentido, las guías actuales recomiendan controles de colesterol entre los 9 y 11 años, ya que muchas alteraciones no presentan síntomas y solo se detectan mediante cribado.
En definitiva, cuidar el corazón desde la infancia no implica vivir con preocupación, sino con conciencia. Cada hábito saludable es una inversión en el futuro, porque la salud cardiovascular no comienza cuando aparecen los problemas, sino cuando se construyen los hábitos.