La visión integral del paciente, un valor al alza
Dr. Nicolás García
Director médico de la Clínica Universidad de Navarra y especialista en Medicina Interna
15 de octubre de 2026
En los últimos años, el crecimiento exponencial del conocimiento médico, la expansión y avances en campos como la genómica o el desembarco constante de nuevas tecnologías aplicadas a la salud, están propiciando la especialización, cada vez de mayor nivel, de los especialistas médicos.
Por otra parte, también las expectativas de los pacientes y de los propios profesionales, convergen en un profesional sanitario superespecializado, que haya adquirido un máximo de competencias en el problema que diagnostica y trata.
Incluso la formación de los médicos en las facultades, o la propia formación sanitaria especializada, no son ajenas a esta tendencia.
Esto conduce necesariamente a un fraccionamiento de la asistencia y a una dificultad creciente para que el paciente encuentre la atención que necesita.
Por otra parte, cada día existe más conciencia de que la enfermedad no responde únicamente a un mecanismo fisiopatológico alterado o a un órgano dañado por cualquier noxa. La compleja interacción que se da en la persona humana entre las esferas biológica, psicológica, personal, familiar y social hacen que la salud y la enfermedad requieran una definición más precisa y un abordaje diferente.
El mayor conocimiento de los mecanismos del enfermar, de los factores de riesgo y de los condicionantes genéticos, han llevado al cambio de enfoque desde la medicina curativa, tan necesaria como costosa, hacia la medicina preventiva y predictiva, con el objetivo del mantenimiento de la salud de manera activa por cada individuo.
Además, el envejecimiento progresivo de la población en los países industrializados y el aumento de la prevalencia de las enfermedades crónicas, a las que se añade la cronificación de muchas enfermedades antes mortales, pone sobre la mesa la necesidad de una atención adecuada a la realidad de un grupo cada vez mayor de población de edad avanzada, pluripatológica y con necesidad de un seguimiento muy cercano.
Los pacientes merecen una atención individualizada, empática, que se haga cargo de su sufrimiento y que les acompañe en el transcurso de su enfermedad, características difíciles de encajar en un algoritmo. Pero también necesitan una atención muy especializada, que consiga un diagnóstico en los casos más complejos, resuelva sus problemas o minimice sus efectos sobre su vida.
Es en este dilema en el que encuentran su más pleno sentido las especialidades que basan precisamente su esencia en esa atención comprensiva de todos los problemas de los pacientes. El especialista en Medicina Interna nunca dice a su paciente “este problema no es de mi especialidad, no me atañe, no me siento interpelado por él”.
Por eso, cada vez más, los hospitales de alta complejidad en todo el mundo se dotan de Departamentos de Medicina Interna potentes, expertos en el manejo del paciente hospitalizado, que se integran en los equipos multidisciplinares y contribuyen a esa atención cercana, comprensiva, resolutiva, que empodera a los pacientes y sus familias para que participen en el cuidado de su salud con la ayuda de la última tecnología.