Hospital humanizado

Especialistas en mirar a cada paciente en su conjunto


Los doctores Ana Huerta y César Rincón ejercen la Medicina Interna desde dos escenarios distintos, pero complementarios: la consulta y la planta de hospitalización. Su trabajo consiste en observar al paciente en su conjunto, integrar información y coordinar a los profesionales que participan en su atención. Buena parte de esa labor sucede lejos de su mirada, pero tiene un efecto muy concreto: ofrecerle seguridad y una hoja de ruta cuando su situación se vuelve compleja

Imagen de la Dra. Ana Huerta y el Dr. César Rincón en un pasillo de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid.
Dra. Ana Huertas y Dr. Cesar Rincón, especialistas en Medicina Interna de la Cliínica UNiversidad de Navarra.

Texto: Ana Terreros

Fotografía: e2f25880-fd47-4ae9-9cd2-49ab577a1b8a

15 de octubre de 2026

Un paciente ingresa en el hospital y, con él, llegan también sus enfermedades, sus tratamientos, sus antecedentes, sus dudas y, en ocasiones, las indicaciones de varios especialistas. Cada una de esas piezas puede tener sentido por separado, pero el reto está en conseguir que todas encajen. Ahí empieza buena parte del trabajo de un internista. 

La Dra. Ana Huerta, responsable del Departamento de Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, lo explica como una forma de mirar al paciente que obliga a integrar, coordinar y relacionarse continuamente con otros profesionales. “Es necesario saber reconocer cuándo hace falta recurrir al conocimiento más específico de otro especialista sin perder la perspectiva del conjunto. Un internista que no trabaja en equipo no es internista”, resume. 

El Dr. César Rincón vive esa misma realidad cada día en las plantas de hospitalización. Su jornada comienza antes incluso de entrar en una habitación. A primera hora, reciben el relevo del equipo médico que ha atendido el hospital durante la noche: nuevos ingresos, cambios de tratamiento, incidencias o pacientes que requieren especial atención. 

Después llega el pase de visita y, con él, todo aquello que difícilmente puede preverse. Una prueba que puede cambiar el plan previsto, un paciente que necesitará la valoración de otro especialista, un ingreso desde Urgencias o una enfermera que advierte de un cambio en la evolución. También habrá que decidir quién puede volver a casa y quién necesita permanecer ingresado. “El paciente hospitalizado es un paciente dinámico”, explica Rincón. Su situación puede cambiar en pocas horas y obliga a revisar continuamente las decisiones.

Imagen silueteada de la Dra. Ana Huerta
“Es necesario saber reconocer cuándo hace falta recurrir al conocimiento más específico de otro especialista sin perder la perspectiva del conjunto. Un internista que no trabaja en equipo no es internista”

Dra. Ana Huerta
Responsable del Departamento de Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid

Un paciente, una hoja de ruta

En la consulta de la Dra. Huerta la incertidumbre adopta otra forma. “Nunca sabes quién se va a sentar delante”, reconoce. Puede ser una persona que quiere prevenir una enfermedad; alguien que convive con varias patologías; un paciente que lleva meses encontrándose mal y no sabe a qué especialista acudir; o quien necesita que alguien le ayude a ordenar lo que le ocurre. 

En una medicina cada vez más especializada, el internista ocupa con frecuencia ese lugar. Huerta atiende a pacientes que llegan con pruebas, tratamientos y citas indicadas por distintos médicos. Su trabajo puede empezar por revisar toda esa información, agrupar analíticas o coordinar consultas. Después habrá que decidir qué problemas puede seguir directamente y cuáles necesitan la intervención de otro especialista. 

El objetivo es trabajar en conjunto con ellos para que el paciente no tenga que reconstruir por sí mismo la relación entre todas las decisiones. De esta forma, el internista acaba convirtiéndose en un referente. “Los pacientes sienten que hay un médico que sigue sus patologías y está en contacto con el resto de profesionales”. 

En hospitalización, el Dr. Rincón habla de dar al paciente una hoja de ruta. Algunos ingresan para completar un estudio; otros, con varias enfermedades descompensadas. Medicina Interna atiende también a pacientes de otros departamentos cuya fragilidad o complejidad requieren una valoración global.  

A veces esa hoja de ruta exige volver atrás y revisar las pruebas y tratamientos establecidos. “Hay que tener curiosidad, ganas de profundizar, interés por entender qué le está pasando al paciente. Somos la especialidad del diagnóstico”, señala el Dr. Rincón. 

Pero el trabajo no acaba con el resultado. Una cirugía puede inestabilizar patologías previas, un tratamiento interferir con otro o una situación estable complicarse en pocas horas. Anticipar esos riesgos también forma parte del trabajo del hospitalista. Huerta lo resume en tres conceptos: “Visión global, profundidad y cercanía. Hay que contemplar a la persona en su conjunto, pero profundizando en cada uno de sus problemas”.

Imagen silueteada del Dr. César Rincón
“Hay que tener curiosidad, ganas de profundizar, interés por entender qué le está pasando al paciente. Somos la especialidad del diagnóstico”

Dr. César Rincón
Especialista en Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra

El trabajo que no siempre se ve

El equipo de hospitalización revisa conjuntamente a los pacientes ingresados y mantiene reuniones periódicas con otros departamentos. En el caso de los pacientes oncológicos, por ejemplo, internistas, oncólogos, profesionales de Cuidados Intensivos, Enfermería y otros especialistas valoran su evolución y consensúan las decisiones. 

No todos parten siempre de la misma opinión. “Tenemos edades, formación y experiencias diferentes, pero cuando vemos clara una decisión, vamos todos en la misma dirección. En el fondo, intentamos ser un solo médico”, reconoce Rincón.  

El paciente no asiste a esas conversaciones. Mientras permanece en su habitación, puede haber profesionales reunidos para estudiar su caso, una llamada a otro especialista o una prueba que se adelanta porque alguien ha detectado un riesgo. “Hay veces que lo más importante es lo que no se ve, y detrás de la explicación que yo puedo darle hay muchos profesionales que han trabajado en ello”, explica el especialista.  

En ese trabajo compartido, Enfermería ocupa un lugar esencial. La enfermera sabe cómo ha pasado el paciente las últimas horas, si come, descansa, se mueve o está más decaído. Puede advertir un cambio antes incluso de que quede reflejado en una prueba. “Necesitamos fiarnos de la enfermera al cien por cien”, afirma la Dra. Huerta. El Dr. Rincón coincide desde la planta: “Muchas veces la enfermera es la primera que avisa cuando ve un deterioro”.

Curiosidad para seguir aprendiendo

La docencia y la investigación completan el día a día de ambos internistas y comparten un mismo punto de partida: seguir haciéndose preguntas. 

Por la planta del hospital pasan también quienes están aprendiendo a ser médicos. Para Rincón, enseñar consiste sobre todo en explicar el razonamiento que acompaña a la asistencia. Por qué se solicita una prueba, qué diagnósticos se barajan o por qué se modifica un tratamiento. “El objetivo es que entiendan por qué estás haciendo todo eso”. Huerta reconoce que las preguntas de quienes están aprendiendo también obligan al especialista a detenerse ante decisiones que los años pueden haber vuelto automáticas. 

Esa misma curiosidad lleva de la asistencia a la investigación. El departamento participa en ensayos clínicos, investigación traslacional y estudios multicéntricos junto al Cima, la Universidad de Navarra y otros grupos. Estar cerca de la investigación permite conocer nuevas evidencias y tratamientos, y trasladarlos después a los pacientes. Rincón habla de “solvencia terapéutica”: conocer qué está cambiando y poder recurrir al especialista que más ha profundizado en un determinado problema.  

La curiosidad fue también la que llevó a la Dra. Ana Huerta hasta la Medicina Interna. Durante unas prácticas como estudiante conoció a un internista que la impresionó por su capacidad para contemplar al paciente en conjunto y hacerse preguntas continuamente. Encontró así una forma de ejercer que unía el reto intelectual del paciente complejo con una relación capaz de prolongarse durante años. Algunos de sus pacientes llevan cerca de dos décadas entrando en su consulta. “Aprendes mucho del paciente que tienes enfrente”, reconoce. 

Cuando César Rincón piensa en las cualidades de un buen internista, llega a una idea parecida: “curiosidad, ganas de trabajar y deseo de profundizar hasta comprender qué está ocurriendo”.  

Consulta y hospitalización son dos escenarios de una misma forma de ejercer la medicina. El paciente no siempre conocerá todo el trabajo que precede a una decisión, pero sí puede percibir su resultado: saber que alguien conoce su historia, que los profesionales hablan entre sí y que sus enfermedades no se están tratando como problemas aislados. Cuidar también es conseguir que las piezas encajen.