Veinte años juntas acompañando al paciente cardiaco
Pilar Ara Lucea y Aurora Simón-Ricart llevan casi veinte años trabajando juntas como enfermeras en las consultas del Departamento de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra. Su trabajo con el paciente cardiológico va más allá de la consulta: es escucha, acompañamiento y, en muchos casos, un vínculo que dura décadas
Texto: Marilén Echapare
Fotografía: Manuel Castells
15 de junio de 2026
Cuidan corazones, pero no solo escuchan sus latidos en una máquina. Su día a día va más allá del cuidado clínico. Pilar Ara Lucea y Aurora Simón-Ricart, enfermeras en consulta de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona, llevan casi 20 años juntas atendiendo a pacientes crónicos de esta especialidad. Durante estos años han aprendido que, entre todas sus funciones, hay una que marca la diferencia: detenerse a escuchar.
En su día a día, destaca la labor de acompañamiento y seguimiento de los pacientes. Su papel va mucho más allá del cuidado clínico: se convierte en escucha, educación y prevención. Una de sus funciones es enseñar a los pacientes a reconocer signos de alarma, para tomar medidas antes de que lleguen a un momento crítico. “Durante años, el paciente de Cardiología acudía a Urgencias únicamente cuando la situación ya era grave, en gran medida por falta de información. Por esto es fundamental formarles, para que sean capaces de autocuidarse: aprender a controlar la frecuencia cardíaca o la tensión arterial, identificar síntomas como la hinchazón de piernas o la fatiga, etc.”, explica Simón-Ricart.
Gran parte de sus pacientes procede de fuera de Pamplona —tanto del resto de España como del extranjero—, y realizan un seguimiento telefónico constante. “Hay que hacerlo para detectar signos y síntomas de alarma, para evitar que el paciente llegue a Urgencias en situación crítica y que no se produzcan ingresos hospitalarios prolongados”, apunta Ara. Han desarrollado tal destreza en el seguimiento telefónico que la propia Simón-Ricart lo resume así: “A veces, solo con escucharles la voz ya sabemos cómo están, si hay fatiga o qué necesitan”.
En ocasiones, los pacientes llaman “solo con la necesidad de que los escuches”, según Ara. Una de las dos, durante su jornada laboral está exclusivamente al teléfono. El correo electrónico es otra de sus herramientas de trabajo y de contacto con el paciente. El trabajo presencial completa el cuadro: ajuste de medicaciones, curas, valoración de analíticas… Pero, incluso en esas visitas, insisten, la escucha sigue siendo el hilo conductor.
Formación y empatía, claves en el acompañamiento
La Cardiología es un campo en constante transformación y en las últimas décadas han sido testigos de una evolución profunda: desde los tratamientos farmacológicos hasta la irrupción de nuevas técnicas y dispositivos, como las ablaciones en el abordaje de las arritmias. Todo ello ha marcado un antes y un después en la forma de tratar a los pacientes. Por eso, consideran que la formación es un pilar imprescindible. No solo la base adquirida con los años, sino una actualización continua que les permita adaptarse a los cambios constantes.
AURORA SIMÓN-RICART
Enfermera de consulta de Cardiología
PILAR ARA LUCEA
Enfermera de consulta de Cardiología
Su experiencia y formación les otorgan cierta autonomía a la hora de tomar decisiones. En ocasiones, pueden indicar la suspensión temporal de un fármaco o valorar la necesidad de reducir una dosis, “siempre desde el conocimiento y la prudencia”. Ambas llevan más de 30 años en el Departamento de Cardiología. Simón-Ricart estudió Enfermería en la Universidad Pontificia de Salamanca y Ara en la Universidad de Navarra. En esta última es donde ambas cursaron el Máster en Cuidados Especializados de Enfermería en Cardiología, formación que reciben todas las enfermeras del área.
Aun así, insisten en que cualquier decisión relevante se consulta siempre con el cardiólogo. Subrayan, además, la importancia del trabajo en equipo. La relación con los cardiólogos es estrecha y basada en la comunicación continua. “Cuando el médico nos presenta a un paciente nuevo les dice: ‘Aquí viene su ángel de la guarda’. Y la verdad es que es una figura que nos representa mucho”, señala Ara.
Más allá del conocimiento técnico, Ara explica que hay una cualidad indispensable en su trabajo que no se aprende únicamente en los libros: la empatía. La capacidad de conectar con el paciente, de generar confianza y de ofrecer una escucha real marca la diferencia en su trabajo y en la mejora de su calidad de vida. Reconocen que no siempre es sencillo, pero que se construye con tiempo y experiencia. “Esa escucha es uno de los aspectos más valorados por el paciente”, según Simón-Ricart.
La familia como papel esencial
Ara y Simón-Ricart coinciden en el papel que juega la familia o el entorno cercano en un paciente crónico. Su labor, explican, no sería la misma sin ese acompañamiento desde casa. Para ellas, ese equilibrio es clave: el cuidado no es solo sanitario, debe ser compartido.
Sin embargo, matizan que no siempre es sencillo. El propio paciente, en ocasiones, no es completamente objetivo con su estado de salud o tiende a ocultar síntomas para no preocupar a sus seres queridos ni alterar la rutina familiar. En este contexto, destacan también la figura del cuidador, que en muchos casos ofrece una visión más objetiva que la propia familia. “Es muy gratificante para la familia saber que, en los últimos años de vida, su ser querido ha tenido una calidad de vida digna. Esto a nosotras nos reconforta muchísimo”, indica Ara.