Fuera de consulta

Dr. Manuel García de Yébenes: “El ritmo de vida del siglo XXI es un factor de riesgo cardiovascular infravalorado”


El Dr. García de Yébenes compagina quirófano, consulta, prevención, investigación y docencia. Con una visión humanista y esperanzadora, el responsable de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid apuesta por la medicina de precisión como camino hacia el éxito para la salud cardiovascular

Imagen en primer plano de un médico cardiólogo sin bata en el parque de El Retiro con el lago y las barcas de fondo.
El Dr. García de Yébenes, durante la entrevista realizada en el parque de El Retido, en Madrid.

Texto: Álvaro Sánchez León

Fotografía: José Juan Rico

15 de junio de 2026

Madrid. Mañana primaveral con latido de verano en el Retiro. Sacamos de la consulta al Dr. Manuel García de Yébenes, responsable de Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid, para auscultar —entre árboles y barcas— el corazón de la sociedad y de cada persona.

Corredores. Veteranos al sol. Y, sin embargo, una certeza incómoda en medio del parque: las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en España. Cada cuatro minutos, el corazón de alguien se detiene.

Madrileño de origen y con infancia segoviana, formado en Navarra y residente en Pamplona, atiende en Madrid desde 2014 con una mirada clínica que no pierde de vista lo esencial.

Vocación y corazón

¿Por qué decidió dedicarse a la medicina?

En mi familia hay muchos médicos, y siempre hemos tenido una vocación muy clara de ayudar y curar. Mis padres han sido el referente principal. Poder dedicarme profesionalmente a ayudar a los demás es un privilegio que, a veces, la rutina puede hacer olvidar. El ejercicio de la medicina y el contacto con los enfermos es algo que te pone en tu sitio todos los días. Doy gracias por ello.

¿Qué le atrajo del corazón?

Durante mi infancia, mi abuelo materno tuvo un problema en una válvula del corazón. Recuerdo preguntarles a mis padres por qué se fatigaba tanto, por qué se le hinchaban las piernas y qué significaba que “una válvula no funcionara bien”. Aquello despertó en mí una curiosidad por entender qué estaba pasando dentro de su corazón. Esta experiencia hizo que, durante la carrera, tuviese más inquietud por profundizar en la Cardiología, y cuando profundizas en algo, te termina apasionando. 

¿El corazón es más técnico de lo que parece?

Cada latido es el resultado de una secuencia de múltiples sucesos, todos ellos de una extraordinaria complejidad. Con su electrofisiología, el corazón es capaz de generar un estímulo eléctrico ordenado y transmitirlo. Con esa respuesta mecánica, genera una contracción eficaz y su relajación le prepara para el siguiente latido. En esto intervienen miles de mecanismos iónicos, neuro-hormonales y físicos que hacen del corazón un órgano regulado a muchísimos niveles. 

Es increíble todo lo que tiene que suceder para generar un solo latido eficaz. Si esto se multiplica por las cien mil veces al día que late un corazón y los miles de millones de personas que viven gracias a estos complejos mecanismos, la impresión es abrumadora. Con el tiempo, hemos ido entendiendo cada vez más esta red compleja de biomecánica, señalización molecular y adaptación estructural.

La Cardiología de hoy

¿El infarto es lo que más se ve en la consulta?

El infarto es la manifestación más conocida, probablemente por ser la más temida, pero no es lo más frecuente en consulta. Sobre todo, vemos personas con patologías crónicas: insuficiencia cardiaca, arritmias como fibrilación auricular, pacientes con infartos previos y con enfermedad valvular. La carga cardiovascular actual está más ligada a las enfermedades crónicas y al envejecimiento poblacional que a eventos agudos aislados. 

¿Dedica más tiempo a las urgencias o al seguimiento?

Cada vez más, al seguimiento. La fase aguda del infarto ha mejorado enormemente gracias a las técnicas de reperfusión, que permiten abrir la oclusión de la arteria cerrada, y a la intervención coronaria precoz. Pero el verdadero reto está en optimizar el tratamiento médico, prevenir reingresos y frenar la progresión de la insuficiencia cardiaca, la ateroesclerosis y la enfermedad valvular. La Cardiología actual es, en gran medida, medicina de precisión aplicada a largo plazo.

¿Qué ha cambiado en la especialidad en los últimos 20 años?

La Cardiología ha evolucionado de forma espectacular tanto en supervivencia como en tratamiento. Hoy atendemos enfermedades cardiovasculares con herramientas que hace 20 años eran incipientes o inexistentes.

Ha cambiado casi todo: la generalización del intervencionismo percutáneo, evitando muchas cirugías; la imagen avanzada, con la que conseguimos diagnósticos de enfermedades que no estaban ni descritas; el tratamiento mediante ablaciones de múltiples arritmias y, sobre todo, el tratamiento médico. En las últimas dos décadas hemos pasado de tratar las complicaciones a modificar la historia natural de las enfermedades cardiovasculares. 

A pesar de los avances, queda mucho por hacer. La medicina preventiva evitará muchas enfermedades en las décadas que vienen.

Imagen de un médico cardiólogo sin bata sentado en el parque de El Retiro con una gran estatua de fondo.
Imagen de un médico cardiólogo sin bata sentado en el parque de El Retiro con una columnata de fondo.

El corazón en la salud global

¿Por qué el corazón debe ser el eje de nuestros cuidados?

Sin corazón no se puede vivir y eso ya lo dice todo. Es el órgano encargado de nutrir a todos los órganos del cuerpo humano. Si falla, afecta al sistema cardiovascular, y también a los riñones, al cerebro, a los pulmones… La hipertensión, la dislipidemia y la diabetes aumentan el riesgo de infarto, e impactan en la expectativa y en la calidad de vida de forma global. Cuidar el corazón es velar por todo el cuerpo. 

Tensión. Colesterol. Aterosclerosis… ¿Cuáles son los signos de que el corazón necesita un estudio?  

En primer lugar, los síntomas más frecuentes:  dolor torácico, disnea, palpitaciones o intolerancia al esfuerzo.  En paralelo, conviene vigilar los factores de riesgo, que suelen ser silenciosos por asintomáticos en la mayoría de la población. La hipertensión arterial, el colesterol elevado, los antecedentes familiares o la diabetes pueden indicarnos la necesidad de profundizar en la evaluación cardiológica. 

¿El ritmo de la vida del siglo XXI es nocivo para nuestro corazón?

Es un factor de riesgo infravalorado. Los médicos debemos velar por la salud de nuestros pacientes, y como cardiólogos tenemos la obligación de ahondar en sus estilos de vida. Esto exige conocerlos y hacerles reflexionar sobre hábitos como el tabaquismo, el consumo de alcohol, el sedentarismo…, pero pocas veces se pone el foco en el estrés. 

Existen evidencias claras de cómo nuestro estilo de vida es cada vez menos mediterráneo. El estrés crónico, el sedentarismo, las dietas ricas en ultraprocesados o el sueño insuficiente generan inflamación, hipertensión y alteraciones metabólicas que aumentan el riesgo cardiovascular. Estudios recientes demuestran que personas con alta carga de estrés laboral tienen hasta un 40 % más de riesgo de eventos coronarios. Algo habrá que hacer. 

¿El corazón se entrena?

El ejercicio regular mejora la función cardiaca y la eficiencia del músculo cardiaco. El entrenamiento aeróbico aumenta el volumen sistólico, mejora la contractilidad y reduce la frecuencia cardiaca en reposo. Eso es vital para el corazón sano, y también para pacientes con una patología cardiaca o cirugías en su historia clínica. 

Los programas de rehabilitación cardiaca se han instaurado desde hace años como parte fundamental del tratamiento, teniendo impacto en la supervivencia y mejoría clínica. En la Clínica desarrollamos esta faceta crucial para la recuperación, ahondando también en aspectos psicológicos de la enfermedad, como el miedo a hacer deporte tras un infarto. Este abordaje es de gran ayuda para que los pacientes retomen su vida anterior, pero con mejores hábitos.  

¿Se puede recuperar un corazón “descuidado”?

Sí, hasta cierto punto. Los cambios sostenidos sobre el estilo de vida –actividad física regular, dieta saludable, control de presión arterial y colesterol– pueden mejorar la función cardíaca, reducir el riesgo de eventos adversos y frenar la progresión de la enfermedad.

Deporte, sí. Y descanso, ¿también?

El descanso es tan importante como el ejercicio. La falta de sueño eleva la presión arterial, genera inflamación y aumenta el riesgo de arritmias. La combinación de actividad física regular y sueño adecuado protege el corazón de forma sinérgica. 

¿Cómo envejecemos con un corazón fuerte?

Un corazón entrenado envejece más lentamente: mantiene mejor la capacidad de bombeo, tolera el esfuerzo y se adapta a los cambios de presión y volumen. La combinación de ejercicio aeróbico, fuerza moderada, dieta mediterránea y control de factores de riesgo retrasa la aparición de insuficiencia cardiaca, arritmias y enfermedades coronarias. 

Más allá de los tejidos

¿El corazón es solamente físico?

Antiguamente se atribuía al corazón el espacio físico donde se albergaba el alma.  Aunque desde la medicina lo estudiamos como un órgano físico con función mecánica y eléctrica, también está profundamente conectado con nuestro sistema nervioso y endocrino. La investigación en Psiconeurocardiología muestra que emociones crónicas como el estrés, la ansiedad o la depresión pueden afectar la función cardiovascular y aumentar el riesgo de hipertensión, arritmias e infarto.

El estrés prolongado activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, elevando el cortisol y la presión arterial, y eso daña el endotelio y favorece la aterosclerosis.

¿Qué le emociona de su trabajo diario?

El reto de tratar pacientes con problemas de salud complejos, continuar creciendo en habilidades y conocimientos y, sobre todo, profundizar en el trato humano y en las posibilidades de hacer más y mejor el bien a los demás. La relación médico paciente, que puede llegar a ser curativa per se, es lo que define como buen profesional y como buena persona.