Dr. José Ignacio Herrero: “En Medicina Interna es innegociable saber trabajar en equipo”
El Dr. Herrero es director del Departamento de Medicina Interna de la Clínica Universidad de Navarra. Su dedicación preferencial es el trasplante hepático, pero también invierte su tiempo en recordar el valor de su especialidad: contribuir a una mejor atención de los enfermos pluripatológicos en un contexto en el que la sociedad cada vez vive más años
Texto: Alfonso Muerza
Fotografía: Manuel Castells
15 de octubre de 2026
Lo más interno que tiene Pamplona son sus calles del casco antiguo. La Plaza del Ayuntamiento, la Estafeta y, por supuesto, la Plaza del Castillo, considerada el cuarto de estar de los pamplonicas. Su imagen en una mañana cualquiera no es la misma que la que muestra del 6 al 14 de julio, durante las fiestas de San Fermín, cuando la dificultad de atravesarla es manifiesta por la cantidad ingente de personas.
Sin embargo, aprovechamos la calma que transmite a primera hora de la mañana para sacar de consulta al Dr. José Ignacio Herrero, director del Departamento de Medicina Interna de la Clínica, y charlar sobre su especialidad, que será clave en las próximas décadas por el envejecimiento de la sociedad.
¿Cómo definiría la Medicina Interna?
La Sociedad Española de Medicina Interna dice que es el enfoque integral de la persona enferma. Creo que es la mejor manera de definirla con pocas palabras. Cada vez tenemos una población más envejecida y pluripatológica, porque una persona que tiene cáncer puede padecer a la vez hipertensión o diabetes, por ejemplo. Por eso, es importante tener una visión holística de la situación clínica. En este contexto, el internista aporta un papel de cohesión o de visión global.
¿Siempre quiso ser internista?
En sexto de Medicina colaboré con este departamento y me pareció una especialidad muy interesante. Sabía que me quería dedicar a las ciencias, pero también me gustaba ser maestro. Llegué a Pamplona con la ambición de ser un buen médico y, al toparme con esta especialidad, me gustó y, por eso, aposté por ella. La Medicina Interna, como muchas otras especialidades, permite un trato cercano con el paciente y, para mí, eso es algo muy gratificante.
¿Qué características debe tener un buen internista?
Destacaría, sobre todo, la formación global y el afán por conocer en profundidad todos los temas. La formación debe ser variada y estar acompañada del interés en ampliar los conocimientos. Además, considero que es clave la visión de equipo. Hay especialidades en las que, quizá, esto último no sea tan necesario, pero en Medicina Interna es algo innegociable, porque tu labor es la de contribuir, con otros compañeros, en el manejo de los pacientes. Creo que un buen internista debe tener grabado en la mente el verbo “ayudar”.
DR . JOSÉ IGNACIO HERRERO
Director del Departamento de Medicina Interna de la Clínica
Desde el punto de vista del paciente, ¿cómo llega a su departamento?
Puede hacerlo por múltiples vías. Muchos lo hacen a través de la Unidad de Chequeos, es decir, porque se someten a una revisión general de salud; otros pacientes están ingresados y precisan de una visión global que contribuya a su mejora; otros lo pueden hacer a través de Urgencias, si vienen con un cuadro pluripatológico; y, por su puesto, a través de la consulta cuando no tienen todavía un diagnóstico claro y nosotros tratamos de ayudar en esa tarea.
¿Por qué hay casos en los que el diagnóstico es tan complicado?
Hay enfermedades que están perfectamente delimitadas, pero otras son más complejas o menos comunes. Muchas veces la línea diagnóstica está muy automatizada o es relativamente sencilla, pero si se sale de ese procedimiento de diagnóstico, cuesta más encontrar el origen que la desencadena. Por otro lado, hay patologías que se manifiestan en diversos órganos o sistemas del organismo, lo que añade complejidad.
¿Cómo se maneja en esos casos la frustración del paciente?
Diría que con paciencia, comprensión y pedagogía. Muchos piensan que cuantas más pruebas se realicen, es mejor para encontrar una respuesta. Sin embargo, no tiene por qué ser así. Hay que realizar aquellas que sean necesarias y aporten información. Por otro lado, estamos inmersos en la era de la inmediatez y esto también afecta a la medicina. Queremos todo de manera rápida y efectiva. Gracias a Dios, contamos con muchos más medios tecnológicos y de laboratorio, pero cada caso lleva su tiempo, su análisis y su estudio.
¿Cree que los pacientes perciben la importancia del internista?
A veces es difícil, porque la persona confía en el especialista para algo concreto: el cirujano que le va a operar, el otorrino que le soluciona un problema de oído o el dermatólogo que le trata una afección de la piel. Que el paciente entienda que el internista está ahí para intentar coordinar todo el proceso no siempre es fácil. Por eso, desde la Sociedad Española de Medicina Interna también tenemos una labor pedagógica que consiste en transmitir esta realidad.
Cuando yo trato a un paciente, procuro analizar su situación en conjunto. Es decir, aunque yo sea hepatólogo y me dedique principalmente a los trasplantes, si veo que la persona tiene la función renal alterada, que tiene hipertensión o cualquier otro tipo de problema, lo derivaré al especialista correspondiente. Desde la perspectiva de un médico que trata a las personas que están hospitalizadas con más de una patología sucede lo mismo. Por ejemplo, hemos comenzado en la sede de Madrid un protocolo con el Departamento de Anestesia y Cuidados Intensivos con el que nos reunimos para planificar las cirugías de la siguiente semana en función de la situación de cada paciente. Tenemos que implementar estrategias que repercutan en su beneficio y en su mejor atención.
¿Cuál es el prototipo de paciente que más se beneficia de la figura del médico internista?
Claramente, el pluripatológico. Es decir, el que tiene más de una enfermedad. Sin desmerecer a nadie, hay personas cuyo problema puede ser cardiológico y que, en momentos en los que la intensidad de esa afección disminuye, afloran otras cuestiones que también merecen la atención. Quizá ahí es donde, con nuestra visión holística, podemos aportar más.
¿Qué me dice de los pacientes que están ingresados?
El hospitalismo es algo clave y el comanejo de los pacientes algo muy importante en esta situación. Cuando una persona ingresa dependiendo de cualquier especialidad, el internista debe estar ahí para apoyar y para ayudar tanto a los compañeros como al propio paciente. Seguro que surgen cuestiones que no tienen tanto que ver con esa especialidad por la que ha ingresado y que, sin embargo, son igual de importantes. Por eso, esa colaboración entre departamentos es trascendental para un mejor pronóstico.
La sociedad tiende al envejecimiento, ¿qué indicadores de salud preocupan a los internistas?
Sobre todo, los relacionados con la obesidad. En España, más de la mitad de la población adulta tiene exceso de peso y eso acaba incidiendo en la salud. Esta es la auténtica epidemia del siglo XXI, porque repercute en numerosas patologías. Nos preocupa que la ciudadanía cada vez sea más sedentaria y que, en líneas generales, comemos mucho peor de lo que comían las generaciones que nos preceden.
Por otro lado, que la esperanza de vida cada vez sea más alta implica que las probabilidades de que los más mayores tengan más patologías aumentan. Esto nos lleva a pensar que va a haber más prevalencia de enfermedades como la diabetes, la hipertensión o la insuficiencia cardiaca, por ejemplo. Por lo tanto, el paciente pluripatológico frecuentará más los hospitales y es importante prepararse para atender a esa demanda.
En este contexto, ¿qué ofrece la Clínica Universidad de Navarra?
Somos referentes en muchas especialidades y creo que la estrecha colaboración entre los diferentes servicios y departamentos del hospital es algo clave de lo que se pueden beneficiar nuestros pacientes. En el Departamento de Medicina Interna estamos en un momento de relevo generacional, con la ambición de mantener el legado que nos han dejado grandes médicos como los doctores Óscar Beloqui, Jorge Quiroga o Inmaculada Colina, entre otros.
Como decía antes, la forma de ejercer el hospitalismo, el apoyo que podemos brindar a compañeros de otras especialidades y el trabajo con nuevas unidades que se van creando es algo que puede repercutir claramente en la mejor atención para el paciente.