Virginia Gathoni Gichuru, la investigadora de Kenia que descubrió en Paliativos otra forma de hacer medicina
Primero se doctoró en Biología y Bioquímica. Y cuando ya había construido una carrera como investigadora y docente, decidió empezar otra vez desde el principio. Virginia Gathoni Gichuru, investigadora de Kenia, con una carrera previsiblemente encauzada, decidió matricularse en primero de Medicina, convencida de que el conocimiento no era suficiente “si no servía también para acompañar a las personas cuando más lo necesitan”.
Texto: Borja Centenera
28 de julio de 2026
Había dedicado años a la investigación y a la universidad cuando sintió que todavía le faltaba algo. Que el saber, por sí solo, no bastaba. Quería estar al otro lado, donde las preguntas no siempre tienen respuesta y donde la ciencia necesita ir acompañada de una mano.
"Quería hacer algo más con mi tiempo y generar un mayor impacto en la humanidad", resume Gichuru. Ese deseo la llevó hasta Pamplona gracias a una de las Becas Guadalupe de la ONGD Harambee, un programa de formación para investigadoras africanas que lleva el nombre de la beata Guadalupe Ortiz de Landázuri, química, catedrática, pionera y una de las primeras mujeres del Opus Dei.
La estancia, fruto de la colaboración entre Harambee y la Clínica Universidad de Navarra, tenía un objetivo claro: formar investigadoras africanas para que el conocimiento no se quede en los laboratorios, sino que vuelva a casa convertido en atención sanitaria de calidad. Allí, sin embargo, aprendió algo que ningún artículo científico podía enseñarle.
Era un hombre mayor. El equipo de cuidados paliativos consiguió que pudiera abandonar el hospital durante unas horas. Solo quería comer con su familia. Lo hizo. Murió poco después. Otro día presenció cómo un hijo llegaba a tiempo para despedirse de su padre gracias a la intervención del mismo equipo. Permaneció allí hasta que el corazón dejó de latir.
"Comprendí la importancia de poner el acento en esos momentos profundamente humanos que forman parte de la vida de cada paciente." Aquellas escenas terminaron de convencerla de que un enfermo nunca es, ni será, únicamente un diagnóstico.
El camino al final de la vida
Aquellas dos escenas cambiaron también su manera de entender los cuidados paliativos. Para muchas personas significan únicamente el final. La antesala de la muerte. Gichuru insiste en que son exactamente lo contrario: una forma de cuidar la vida mientras exista. Su objetivo es mejorar la calidad de vida del paciente y de su familia mediante el alivio del sufrimiento físico, psicológico, social y espiritual.
La enfermedad puede no tener cura. El dolor, la soledad o el miedo sí pueden aliviarse. Ese es precisamente el objeto de la investigación que ha desarrollado en la Clínica Universidad de Navarra: estudiar la situación de los cuidados paliativos en Kenia a partir del modelo de salud pública de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que analiza los cuidados paliativos a través de seis pilares: políticas públicas, empoderamiento comunitario, investigación, acceso a medicamentos, formación y prestación de servicios.
Su conclusión dibuja un escenario de luces y sombras.
Kenia figura entre los países africanos más avanzados en el desarrollo de los cuidados paliativos. Ha aprobado políticas nacionales, ha integrado estos servicios en numerosos hospitales públicos, ha ampliado la red de hospicios, centros o programas de atención médica centrados en la calidad de vida y el confort de pacientes con enfermedades terminales con una esperanza de vida estimada de 6 meses o menos, y ha incorporado esta disciplina a la formación de médicos y enfermeras. También cuenta con una de las organizaciones de referencia del continente: la Asociación de Hospicios y Cuidados Paliativos de Kenia (KEHPCA).
Pero el mapa sigue teniendo grandes zonas en blanco.
En las áreas rurales el acceso continúa siendo muy limitado. Faltan profesionales especializados. Persisten los problemas de financiación y los desabastecimientos periódicos de medicamentos esenciales, como la morfina oral. Muchas familias deben asumir gastos que no pueden afrontar y todavía pesa una barrera cultural difícil de romper, porque hablar de la muerte sigue siendo, para muchos, un tema prohibido. A su juicio, el gran reto pasa por reforzar la Atención Primaria y formar mejor a quienes están más cerca del paciente: "Más allá de diagnosticar enfermedades, hay que enseñar a aliviar el dolor, comunicarse con empatía y acompañar a las familias".
Dos maneras de entender un mismo cuidado
Su paso por Pamplona le permitió comparar dos realidades. En la Clínica Universidad de Navarra encontró equipos multidisciplinares donde médicos, enfermeras, psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales trabajan de forma coordinada alrededor del paciente. En España, los cuidados paliativos forman parte del sistema sanitario y colaboran estrechamente con las demás especialidades.
En Kenia, en cambio, esa atención suele recaer sobre médicos generales, enfermeras y agentes comunitarios con formación básica, porque los especialistas siguen siendo escasos. Además, también cambian los perfiles de los pacientes. Mientras en España predominan pacientes con cáncer, enfermedades neurodegenerativas o fragilidad asociada al envejecimiento, “en Kenia los cuidados paliativos atienden además a numerosas personas con VIH/SIDA, tuberculosis, enfermedad renal crónica o anemia falciforme”, subraya la investigadora.
Su estancia formativa en la Clínica ha supuesto mucho más que una experiencia académica. Ella misma habla de investigación compartida, congresos, publicaciones y redes internacionales, también en el Cima Universidad de Navarra. Han sido días, además, de mentores, amistades y una forma distinta de entender la medicina. ”Me impresionó especialmente comprobar cómo profesores universitarios combinaban la investigación, la docencia y la asistencia clínica en un mismo proyecto. Ese modelo es el que espero llevar conmigo de vuelta a Kenia”, porque está convencida de que fortalecer la formación de las mujeres africanas —médicas, enfermeras, investigadoras o líderes sanitarias— supone fortificar todo el sistema de salud del país.
Una medicina que no olvide la compasión
Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordada dentro de quince años, no habla de publicaciones científicas ni de descubrimientos. Su respuesta vuelve al principio de la historia. “Me gustaría que me recordaran como una médica capaz de unir el rigor científico con una profunda dimensión humana. Una profesional que entendió que la medicina consiste en tratar enfermedades, sí, pero sobre todo en cuidar personas”. Porque hay días en los que el mejor tratamiento no cabe en una receta, sino en permitir que un paciente terminal vuelva a casa por unas horas para despedirse con los suyos.
Virginia Gichuru ha entendido que la medicina también consiste en dejarse enseñar por quienes están a punto de despedirse. Quizá esa haya sido la lección magistral antes de volar.