El engranaje asistencial que vela por el corazón del paciente con cáncer
Tras el diagnóstico de un tumor acecha la sombra de la cardiotoxicidad, un daño colateral que exige la implicación de un equipo multidisciplinar y coordinado entre cardiólogos y enfermeras. El objetivo: garantizar el mejor pronóstico y anticipar complicaciones.
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Fotografía: José Juan Rico
15 de junio de 2026
Cuando la palabra cáncer se cuela en el día a día de una persona, el miedo y la incertidumbre irrumpen sin pedir permiso, a pesar de que más del 60-70% alcanza supervivencias prolongadas gracias a la detección precoz y al avance de los tratamientos. Sin embargo, en muchas ocasiones emerge un compañero de viaje con el que hay que saber navegar: la cardiotoxicidad.
¿Qué es la cardiotoxicidad?
Las enfermedades cardíacas derivadas de los tratamientos oncológicos son una de las principales causas de morbimortalidad en pacientes con cáncer, tanto durante el abordaje del tumor como en fases posteriores. Esto hace necesaria la creación de unidades especializadas y muy bien coordinadas capaces de prevenir, diagnosticar y tratar esa toxicidad cardiovascular, tal y como se realiza desde hace años en la Clínica.
Conscientes de la vinculación directa entre cáncer y salud coronaria, y en un escenario marcado por el envejecimiento poblacional, la Unidad de Cardio-Oncología de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid vela por la salud cardiovascular de los pacientes oncológicos con un enfoque principalmente asistencial, pero también con vocación investigadora y docente.
De la mano de los cardiólogos Manuel García de Yébenes y Ana de la Fuente, el engranaje de la Unidad está liderado por las profesionales de Enfermería Noelia Garrido y Hebe Navarro. Son ellas las encargadas de acompañar al paciente en su proceso gracias a una relación muy estrecha de conocimiento y confianza, coordinando la agenda de análisis, pruebas de imagen y citas con todos los profesionales que participan en esta unidad multidisciplinar, como cardiólogos, hematólogos, oncólogos, oncólogos radioterápicos e incluso biólogos del Centro de Investigación Médica Aplicada, Cima.
Adelantarse al impacto miocárdico
Además de factores de riesgo comunes entre cáncer y salud cardiovascular, ciertos tratamientos oncológicos, como algunos tipos de quimioterapia, radioterapia o inmunoterapia, pueden hacer que aparezcan alteraciones cardíacas en los pacientes con un tumor. “Nuestra labor es la de prevenir, detectar y tratar de forma precoz complicaciones cardiovasculares asociadas a la terapia oncológica. Para ello nos apoyamos en el equipo de Enfermería, que es el que realiza el 90% de todo este trabajo de coordinación para garantizar que el paciente está bien vigilado”, asegura el Dr. García de Yébenes.
En concreto, cuando la cardiotoxicidad hace mella, “lo más habitual es la aparición de la disfunción ventricular izquierda e insuficiencia cardiaca, es decir, que disminuye la fuerza del corazón. También pueden darse arritmias, hipertensión arterial inducida por los tratamientos, miocarditis, especialmente asociada a la inmunoterapia, enfermedad coronaria acelerada o tromboembólica”, detalla la Dra. De la Fuente.
De una manera individualizada y con toda la información del paciente sobre la mesa, “nuestro objetivo es adelantarnos a ese daño miocárdico gracias al empleo de la última tecnología en imagen cardíaca, ya que puede ser inicialmente subclínico, detectándose mediante elevación de biomarcadores, alteraciones en strain miocárdico por ecocardiografía o a través de ligeros cambios visibles en resonancia magnética”, explica la cardióloga.
Sin embargo, también puede darse el caso de que cuando se diagnostica el cáncer, el problema cardiaco ya esté presente. Ante esa circunstancia se realiza un seguimiento estrecho para que esa afectación no suponga una limitación a la hora de recibir el tratamiento oncológico de mayor eficacia. “La meta es que el paciente logre el mejor pronóstico. En ocasiones, los hematólogos y oncólogos pueden ser reticentes a usar fármacos de primera línea por su impacto cardiovascular. Nuestra tarea es la de decirles: si es el mejor tratamiento, adelante con él, ya nos encargamos nosotros de vigilar su corazón”, confiesa el Dr. García de Yébenes.
Una gran labor asistencial
La cardio-oncología requiere un gran esfuerzo asistencial y un minucioso trabajo de coordinación que, en este caso, realizan con esmero Noelia Garrido y Hebe Navarro, enfermeras especializadas en este terreno. “Nuestro cometido es hacer un poquito más fácil la vida del paciente”, reconocen ambas.
En concreto, cuando llega un paciente a Oncología o Hematología con tratamiento cardiotóxico, los cardiólogos, junto al equipo de Enfermería, realizan una exhaustiva evaluación basal para conocer los riesgos en esa persona. A partir de ahí, son las enfermeras las que se encargan de custodiar su salud coronaria: “Después de cada ciclo de tratamiento pedimos marcadores cardíacos que añadimos a la analítica habitual para evitar un pinchazo más. También se realizan un electro y una eco basal cada tres o cuatro meses. Este seguimiento tan estrecho se hace hasta que termina el tratamiento, cuando se vuelve a hacer una reevaluación final. Pero también se mantiene de forma más espaciada, incluso cuando el paciente ya se considera superviviente, pasados cinco años, ya que está demostrado que algunos fármacos tienen efectos cardiotóxicos a largo plazo”, detalla Navarro.
“El gran reto asistencial es tener a todos nuestros pacientes muy bien vigilados. Y eso se logra gracias a la labor de las enfermeras. Son ellas las que atienden directamente cada caso, recopilan todos los datos y consultan con los especialistas las situaciones más complejas”
DRA. ANA DE LA FUENTE
Especialista del Departamento de Cardiología
Pruebas de imagen, revisiones periódicas y llamadas telefónicas de control son parte del día a día que comparten las dos enfermeras con los pacientes que pasan por la Unidad de Cardio-Oncología de la Clínica Universidad de Navarra en Madrid. “La comunicación con ellos es fundamental. Se encuentran en un momento complicado de su vida y hay que reducir las visitas al hospital lo máximo posible, por eso coordinamos agendas para que resulte más sencillo y solucionamos muchas consultas por teléfono. Además, hacemos educación sanitaria con ellos y les explicamos con empatía que todas las pruebas realizadas son para evitar futuras complicaciones. En este caso, prevenir o detectar cuanto antes que el corazón se está intoxicando es esencial para poner remedio y que el tratamiento oncológico no se interrumpa, pero también para evitar un corazón enfermo en el futuro, ya que muchos episodios pueden revertirse. Cuando lo entienden, se sienten muy agradecidos”, reconoce Garrido.
Personalización y confianza
Dado que son las propias enfermeras las que hacen las pruebas de imagen cardíaca necesarias para controlar la evolución de los pacientes, el conocimiento que tienen de ellos es exhaustivo. Y eso da lugar, además, a una relación de confianza que resulta, incluso, terapéutica. “Conocemos tan bien a cada paciente, con su nombre y apellido, peculiaridades familiares, sociales, emocionales, etc., que eso nos permite hacer un abordaje individualizado y mucho más eficaz de su tratamiento”, añade Garrido, quien recuerda que todo ese conocimiento se pone en manos del grupo multidisciplinar que se reúne cada mes para analizar los casos de la Unidad.
Y esa relación es bidireccional, ya que todos los pacientes que pasan por aquí “nos tienen a su disposición para cualquier duda que les pueda surgir en cualquier momento, ya sea por correo electrónico o a través del teléfono”, insiste Navarro.
Una labor asistencial y de seguimiento individualizado que los cardiólogos consideran la clave del éxito de esta Unidad: “El gran reto asistencial es tener a todos nuestros pacientes muy bien vigilados. Y eso se logra gracias a la labor de las enfermeras. Son ellas las que atienden directamente cada caso, recopilan todos los datos y consultan con los especialistas las situaciones más complejas. Esa actividad es esencial para que todo el engranaje funcione”, agradecen los cardiólogos García de Yébenes y De la Fuente.
La importancia de la investigación
La faceta asistencial de la Unidad de Cardio-Oncología se completa, además, con una importante labor docente e investigadora, gracias a la colaboración con los compañeros del Cima y con centros de referencia en Estados Unidos, como el MGH de Boston. Entre los proyectos en marcha destacan el desarrollo de modelos experimentales tridimensionales de tejido miocárdico para el estudio de la cardiotoxicidad, la publicación de artículos científicos sobre el cierre de orejuela en pacientes con cáncer, trabajos fin de grado centrados en mecanismos fisiopatológicos de toxicidad cardiaca y el estudio de la toxicidad de terapias como CART.