Escuchar al corazón también es cosa de mujeres
Las enfermedades cardiovasculares en mujeres presentan particularidades en su percepción, sus síntomas y sus factores de riesgo que no siempre se reconocen a tiempo. Comprenderlas es clave para mejorar la prevención y el diagnóstico
Texto: María Marcos Graziati
Fotografía: Manuel Castells
15 de junio de 2026
Durante décadas, el infarto tuvo rostro masculino en el imaginario colectivo. La imagen del hombre con dolor torácico intenso que acude a urgencias se ha repetido en campañas, estudios y en la propia percepción social de la enfermedad. Sin embargo, hoy sabemos que esa idea está incompleta. El corazón de la mujer también está expuesto a un riesgo elevado, aunque pueda llegar a manifestarse de forma distinta o tarden más en darle la importancia que tiene.
Las doctoras Nahikari Salterain y Agnes Díaz Dorronsoro, especialistas en Cardiología de la Clínica Universidad de Navarra, coinciden en que el primer reto sigue siendo cultural y clínico: reconocer que las enfermedades cardiovasculares afectan tanto a mujeres como a hombres. “Durante muchos años se ha asociado el infarto con los hombres, pero las enfermedades cardiovasculares están entre las principales causas de mortalidad también en las mujeres”, explican.
Un riesgo que muchas mujeres no perciben
La percepción del riesgo cardiovascular en la mujer sigue estando distorsionada. El cáncer es más temido que un infarto, a pesar de que el impacto de la patología cardiovascular es igual, o incluso mayor, en términos de mortalidad y morbilidad.
A ello se suma una realidad social en la que las mujeres, en general, tardan más en acudir al médico cuando presentan síntomas. “No damos la importancia que deberíamos a los síntomas. Pensamos que no es nada grave o que ya se pasará”, señala la Dra. Díaz Dorronsoro. Esta actitud, unida a una menor percepción de riesgo, contribuye a retrasos en el diagnóstico y el tratamiento.
Mientras que un hombre con síntomas suele acudir antes a urgencias, muchas mujeres lo hacen cuando el cuadro ya está más avanzado. Se genera así un círculo en el que la enfermedad se infradiagnostica, se infratrata y se sigue percibiendo como menos frecuente de lo que realmente es.
¿Por qué el corazón de la mujer es diferente?
Desde el punto de vista biológico, existen diferencias relevantes entre hombres y mujeres que influyen en la salud cardiovascular. Durante la edad fértil, los estrógenos ejercen un efecto protector frente a la enfermedad cardiovascular aterosclerótica. Sin embargo, esta protección desaparece con la menopausia. “A partir de ese momento, el riesgo se iguala y las mujeres pierden esa ventaja inicial”, explica la Dra. Salterain.
Más allá de las hormonas, también hay diferencias en la fisiología vascular. Las mujeres presentan, con mayor frecuencia, disfunción endotelial y enfermedad microvascular, especialmente a partir de la menopausia. Esto implica que, en muchos casos, la enfermedad no se debe únicamente a la obstrucción de grandes arterias, sino a alteraciones más sutiles en la circulación coronaria.
DRA. AGNES DÍAZ DORRONSORO
Especialista del Departamento de Cardiología de la Clínica
Factores de riesgo específicos de la mujer
A los factores de riesgo clásicos se suman otros propios del sexo femenino que han ganado relevancia en los últimos años. Entre ellos destacan las complicaciones durante el embarazo, como la preeclampsia o la diabetes gestacional, que aumentan el riesgo cardiovascular a largo plazo. “No solo importa lo que ocurre en el momento del embarazo, sino cómo influye años después”, explican.
También tienen un papel relevante el síndrome de ovario poliquístico, los tratamientos hormonales o la menopausia precoz. Todos estos factores interactúan con el metabolismo, la inflamación y el sistema vascular, configurando un perfil de riesgo más complejo. “La salud cardiovascular de la mujer no se entiende sin tener en cuenta todo su recorrido hormonal y ginecológico”, subrayan las especialistas.
A esto se suma un cambio en los hábitos de vida. El aumento del tabaquismo, la obesidad y el sedentarismo en la población femenina han contribuido a reducir las diferencias históricas con los hombres. “Antes había menos mujeres fumadoras, pero eso ha cambiado y está teniendo un impacto claro”, señalan.
No son los síntomas, sino la interpretación
Otro aspecto a tener en cuenta es la forma en la que se presentan los síntomas y, sobre todo, cómo se interpretan. “El problema no es tanto que los síntomas sean completamente distintos –el dolor torácico sigue siendo el síntoma de infarto más frecuente en ambos sexos–, sino cómo los interpretamos”, explica la Dra. Salterain.
En algunos casos, el dolor puede localizarse en el abdomen o acompañarse de náuseas, sudoración o malestar general, por lo que muchas mujeres atribuyen las molestias a problemas digestivos, ansiedad o cansancio. Esta presentación puede llevar a confusión y retrasar la consulta médica. “Cuando una mujer tiene síntomas, muchas veces piensa que es otra cosa y no un infarto”, añaden las especialistas.
El reto, por tanto, no es solo clínico, sino también educativo: reconocer que cualquier síntoma nuevo, persistente o inexplicable debe ser valorado.
Cuidar el corazón en cada etapa de la vida
En prevención, las recomendaciones son similares para hombres y mujeres, pero con matices importantes. “La base es no fumar, hacer ejercicio físico y seguir una dieta mediterránea”, coinciden las especialistas.
En la mujer es especialmente relevante el seguimiento a lo largo de la vida, incluso en edades tempranas. El control no debe comenzar a partir de una edad concreta, sino formar parte del cuidado habitual. “El cuidado cardiovascular debe ser desde siempre”, subraya la Dra. Salterain.
Además, es fundamental prestar atención a factores como el estrés, la carga mental, la falta de descanso o la historia clínica ginecológica, que influyen de forma significativa en la salud cardiovascular. Este cambio es clave para avanzar hacia una medicina más personalizada, en la que se tengan en cuenta las diferencias biológicas, hormonales y sociales.
El cambio empieza por escuchar al cuerpo
El mensaje final de las especialistas es claro y directo: la salud cardiovascular de la mujer no es un tema menor. “Para cuidar, hay que cuidarse”, resume la Dra. Salterain. Esto implica prestar atención a los síntomas, acudir al médico cuando sea necesario y no relegar la propia salud frente a otras responsabilidades.
CURIOSIDADES | Cuando la enfermedad no es la típica
En la mujer son más frecuentes ciertas formas de enfermedad cardiovascular que no responden al patrón clásico. Es el caso del síndrome de Takotsubo, conocido como “síndrome del corazón roto”, que consiste en una disfunción transitoria del corazón desencadenada por situaciones de estrés intenso. Puede simular un infarto, con síntomas y alteraciones en el electrocardiograma, pero sin obstrucción de las arterias coronarias.
“Suele estar provocado por una liberación de catecolaminas –neurotransmisores y hormonas producidos por las glándulas suprarrenales y el sistema nervioso como respuesta al estrés– en situaciones de estrés emocional o físico”, explica la Dra. Díaz Dorronsoro. Aunque en muchos casos es reversible, no está exento de riesgo y requiere seguimiento médico.