Medicina personalizada

Antes de que el corazón avise


Cuidar la salud ya no consiste solo en reaccionar ante la enfermedad, sino en adelantarse a ella. Identificar a tiempo a quienes tienen más riesgo, comprender qué lo provoca en cada caso y acompañar al paciente en ese proceso se ha convertido en una de las claves de la medicina actual. En esa línea, la Clínica Universidad de Navarra ha desarrollado en su sede de Madrid un modelo que integra distintas especialidades para abordar la salud cardiovascular desde una visión más completa y personalizada

Imagen de un brazo con un manguito rojo para medir la presión arterial y una enfermera colocándolo.
Hacer una valoración global del riesgo cardiovascular con cada paciente ayuda a prevenir posibles complicaciones futuras.

Texto: Ana Terreros

Fotografía: José Juan Rico

15 de junio de 2026

Muchas enfermedades cardiovasculares empiezan mucho antes de dar síntomas. Durante años, el daño progresa de forma silenciosa hasta que, en ocasiones, se manifiesta de forma brusca con un infarto o un ictus. Anticiparse a ese proceso, detectarlo a tiempo y actuar antes de que aparezcan complicaciones es hoy uno de los grandes retos de la medicina.

Con ese objetivo nació en la sede de Madrid de la Clínica Universidad de Navarra el Área de Medicina Vascular, dirigida por el Dr. Juan Pastrana, un modelo asistencial que aborda de forma integral el riesgo cardiovascular y sitúa al paciente en el centro de todo el proceso. Más allá de una consulta o una prueba concreta, se trata de entender qué está ocurriendo en cada persona y seguirla y acompañarla en el tiempo para reducir su riesgo y mejorar su calidad de vida. “El objetivo del Área es ofrecer una valoración global del riesgo cardiovascular de cada paciente y actuar de forma personalizada”, explica el Dr. Pastrana. “Además de identificar factores de riesgo, buscamos comprender cómo se relacionan entre sí, qué impacto tienen en cada persona y qué podemos hacer para prevenir complicaciones en el futuro”.

“Es una forma sencilla, integral y personalizada de atender al paciente”, resume el Dr. Diego Martínez Urbistondo, subdirector del Área de Medicina Vascular. “Además de la detección, se hace seguimiento, y se procura concienciar y ayudar al paciente para que entienda qué puede hacer para cuidarse. Muchas veces vemos pacientes que, en teoría, no tendrían un riesgo especialmente alto, pero cuando los estudiamos en profundidad encontramos factores que hacen que sí lo tengan. Ahí es donde podemos intervenir de forma más eficaz”.

Un problema que no siempre se ve

La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en los países occidentales. Según la Organización Mundial de la Salud, provoca alrededor de 19,8 millones de muertes al año en el mundo, lo que representa cerca del 32% de todas las defunciones. En España, además, causa más de 125.000 muertes y cerca de 5 millones de estancias hospitalarias anuales. Sin embargo, buena parte de los pacientes que sufren un evento cardiovascular no tenían síntomas previos. La clave está en esa fase previa, en la que las arterias empiezan a deteriorarse sin dar señales evidentes.

Imagen del Dr. Diego Martínez Urbistondo
“Además de la detección de patologías, desde el Área de Medicina Vascular se hace seguimiento, se conciencia y se ayuda a que el paciente entienda qué puede hacer para cuidarse”

DR. DIEGO MARTÍNEZ URBISTONDO
Subdirector del Área de Medicina Vascular de la Clínica

“Tradicionalmente, la Cardiología se ha centrado en evitar nuevos eventos en pacientes que ya han tenido un infarto o una angina”, explica el Dr. Fernando Hernández Terciado, cardiólogo del Área. “Pero la mayoría de los infartos se producen en personas que nunca han sufrido nada antes. Ahí es donde tenemos todavía mucho margen de mejora”.

En ese contexto, el concepto de riesgo cardiovascular cobra especial relevancia. Va más allá de tener el colesterol alto o la tensión elevada, y se enfoca en entender cómo interactúan múltiples factores, bien sean metabólicos, genéticos o relacionados con el estilo de vida, en cada persona concreta. “Muchas veces no hablamos solo de riesgo, sino de enfermedad ya presente, aunque todavía no haya dado síntomas”, añade.

Para poder anticiparse, el Área de Medicina Vascular combina la evaluación clínica con técnicas avanzadas de imagen que permiten conocer con mayor precisión el estado real de las arterias. “Estamos intentando profundizar en un riesgo más personalizado, y basarnos en la situación real del paciente que tenemos delante y no solo en estadísticas poblacionales”, señala el Dr. Hernández Terciado. 

Un equipo que piensa en conjunto

Uno de los elementos diferenciales del Área de Medicina Vascular es su enfoque multidisciplinar. Especialistas de distintas áreas trabajan de forma coordinada para abordar de manera conjunta los factores que influyen en la salud cardiovascular.

“La ventaja de este modelo es que nos permite tener una visión conjunta del paciente desde distintos puntos de vista”, explica el Dr. Pastrana. “Cada especialista aporta su conocimiento y eso nos ayuda a tomar decisiones mucho más precisas y adaptadas a cada caso”.

“Por ejemplo, en una consulta de Cardiología ya se evalúa el riesgo cardiovascular, pero aquí podemos ir más allá”, añade el Dr. Hernández Terciado. “Contamos con la visión de otras especialidades que nos ayudan a entender mejor aspectos como el metabolismo o la repercusión de ciertas enfermedades sistémicas”.

Imagen de la pantalla de una tablet, sujetada por una enfermera, donde se muestran los valores cardiológicos de un paciente tumbado en una camilla.

Este trabajo conjunto mejora la precisión del diagnóstico, evita duplicidades y facilita una atención más ordenada. “Se optimizan los recursos, no se repiten pruebas innecesarias y el paciente no recibe mensajes contradictorios”, explica Ana Bajo, enfermera del Área. “Todos vamos en la misma línea”. El resultado es un itinerario asistencial más ágil, en el que el paciente no tiene que navegar entre consultas desconectadas, sino que encuentra un equipo que analiza su caso de forma global.

Más allá de las pruebas y el diagnóstico, el seguimiento es una de las piezas clave del modelo. Aquí, el papel de Enfermería resulta fundamental. “El seguimiento es completamente personalizado”, continúa Ana. “Hay pacientes a los que vemos una vez al año porque están estables, y otros a los que llamamos, ajustamos medicación o pedimos controles con más frecuencia. Todo depende de lo que necesite cada uno”.

Ese acompañamiento se centra en estabilizar los factores de riesgo y en ayudar al paciente a incorporar cambios sostenibles en su vida diaria. Desde el control de la tensión o el colesterol hasta el peso, la actividad física o el abandono del tabaco, cada caso requiere un abordaje distinto. “El objetivo es que cuando el paciente vuelva a consulta, esos factores estén lo mejor controlados posible”, añade. “Y eso implica estar pendientes, resolver dudas y adaptar el seguimiento a cada situación”.

La investigación también forma parte esencial de este modelo asistencial. Los especialistas del Área de Medicina Vascular combinan la práctica clínica con proyectos que buscan entender mejor cómo se desarrolla la enfermedad cardiovascular y cómo intervenir de forma más eficaz, trasladando ese conocimiento directamente a la consulta. Iniciativas como el proyecto UNATI o el proyecto ICAP, en los que participan numerosos especialistas del Área y del hospital, permiten analizar en profundidad cómo influyen distintos hábitos y condiciones en el riesgo cardiovascular y seguir avanzando hacia una medicina más personalizada.

El pasado año, el Área de Medicina Vascular fue acreditada como “SEMI Excelente”, un reconocimiento de la Sociedad Española de Medicina Interna que avala la calidad de su atención y su compromiso con la mejora continua en el abordaje de estos pacientes. Porque, en definitiva, cuidar el corazón no empieza cuando aparecen los síntomas, sino mucho antes.