Medicina personalizada

Unidad de Cuidados Intermedios: un espacio entre la planta y la UCI para pacientes complejos


Cuando se atiende a pacientes que no necesitan cuidados intensivos, pero sí una vigilancia más estrecha que la de una planta convencional, gana protagonismo la Unidad de Cuidados Intermedios. En ese espacio, el hospitalista da forma a la información clínica, coordina a los equipos y se anticipa a posibles complicaciones

Imagen de varios médicos atendiendo a un paciente en su habitación de la Unidad de Cuidados Intermedios.
Escuchar al paciente y coordinar equipos médicos y personal de Enfermería es clave en una unidad de cuidados intermedios.

Texto: María Marcos Graziati

Fotografía: Manuel Castells

15 de octubre de 2026

Hay pacientes que no necesitan una UCI, pero tampoco pueden estar en una planta convencional. Su situación clínica exige más control, una respuesta rápida y un equipo preparado para detectar a tiempo cualquier signo de empeoramiento. Entre esos dos niveles asistenciales se sitúa la Unidad de Cuidados Intermedios, un área en la que la Medicina Interna muestra una de sus funciones más características: mirar al paciente en conjunto. 

En la Clínica Universidad de Navarra, esta unidad comenzó a funcionar en 2006 para atender a enfermos cuyos cuidados exceden los habituales de una planta, pero que no requieren todo el soporte vital avanzado propio de los cuidados intensivos. “Del 30 al 40% de los pacientes que ingresan en unidades de intensivos no requieren todas las medias propias de esas áreas. Y también hay muchos pacientes que ingresan en plantas de hospitalización convencional que requieren un mayor control, un mayor seguimiento por Enfermería o mayor soporte técnico”, explica el Dr. Felipe Lucena, especialista en Medicina Interna y responsable de la Unidad de Cuidados Intermedios de la Clínica. 

En ella ingresan pacientes con insuficiencia respiratoria que precisan ventilación mecánica no invasiva, sepsis iniciales, alteraciones hidroelectrolíticas, cetoacidosis diabética o situaciones que requieren monitorización neurológica, entre otros. También puede recibir a pacientes procedentes de Urgencias, de plantas de hospitalización o del área quirúrgica cuando, tras una intervención, necesitan un seguimiento más estrecho sin llegar a la UCI.

Un nivel más de atención

La Unidad de Cuidados Intermedios no sustituye a la UCI ni a la planta: completa el circuito asistencial. En algunos casos, permite evitar un ingreso en cuidados intensivos; en otros, ayuda a estabilizar al paciente antes de regresar a una planta convencional. Su valor está en ofrecer a cada persona el nivel de atención que necesita en cada momento. 

Para decidir cuándo un paciente requiere esa vigilancia, los equipos se apoyan en señales clínicas concretas. Alteraciones en la tensión arterial, en la frecuencia respiratoria o en el estado de conciencia pueden activar una valoración inmediata. También utilizan herramientas como el quick SOFA score, una escala que ayuda a identificar a pacientes con alto riesgo de sepsis. 

La clave está en anticiparse. Una pequeña alteración puede ser el primer aviso de una complicación mayor. Por eso, esta unidad permite intervenir de forma precoz cuando el paciente empieza a mostrar signos de inestabilidad. 

Imagen silueteada del Dr. Felipe Lucena.
“El médico hospitalista va a integrar todo lo que necesita el paciente, va a unificar la orden médica, se va a comunicar con todos los equipos que pueden intervenir, va a hablar con la familia y va a ser el puente de información también para el personal de Enfermería”

Dr. Felipe Lucena
Responsable de la Unidad de Cuidados Intermedios de la Clínica

El hospitalista, una figura que coordina 

En este entorno, el papel del hospitalista resulta fundamental. Este modelo surgió en Estados Unidos en los años noventa para responder a una realidad cada vez más frecuente: pacientes ingresados, a menudo mayores y con varias enfermedades, atendidos por diferentes especialistas. En esos casos, la atención puede fragmentarse si no existe una figura que integre las decisiones. 

“El médico hospitalista va a integrar todo lo que necesita el paciente, va a unificar la orden médica, se va a comunicar con todos los equipos que pueden intervenir, va a hablar con la familia y va a ser el puente de información también para el personal de Enfermería”, explica el especialista. 

En el modelo desarrollado en la Clínica, el internista reúne unas condiciones especialmente adecuadas para ejercer esta función: visión global, conocimiento del hospital y capacidad de coordinación con distintos servicios médicos y quirúrgicos. Esa labor es especialmente importante en pacientes complejos, en los que conviven varias enfermedades, múltiples tratamientos y diferentes necesidades asistenciales.

Cuando una enfermedad no viene sola 

La Medicina Interna ha estado siempre ligada al paciente complejo. Personas mayores, pacientes pluripatológicos o enfermos con varios problemas activos a la vez necesitan una mirada capaz de entender el conjunto. “Tenemos una población muy envejecida. Conforme van pasando los años, vas acumulando enfermedades”, explica el Dr. Lucena. “Es muy diferente la visión que puede dar una especialidad aislada de una patología concreta a una visión global de toda la comorbilidad que tiene el paciente”. 

El riesgo de una atención fragmentada es que cada problema se valore por separado. Esto puede generar interacciones farmacológicas, decisiones poco coordinadas o pérdida de foco sobre lo que realmente necesita el paciente. Frente a ello, la comunicación entre equipos permite una asistencia más continua y segura. 

Aunque la coordinación médica es una de las claves del modelo, el Dr. Lucena subraya que el papel de Enfermería es decisivo. “El secreto de la unidad no somos los médicos, son las enfermeras. El alma de la Unidad de Cuidados Especiales es su equipo de Enfermería”, afirma. 

Las enfermeras cuentan con una alta capacitación y formación en áreas como Cardiología, Cuidados Intensivos y Medicina Interna. Su experiencia les permite detectar pequeñas variaciones en las constantes, en el estado general del paciente o en su evolución diaria. Esa observación continua es una parte esencial de la anticipación clínica. También tienen un papel fundamental en los cuidados y en el acompañamiento, así como en la comunicación diaria con las familias. 

Medicina Interna en acción

La Unidad de Cuidados Intermedios refleja bien la esencia de la Medicina Interna porque reúne muchas de sus dimensiones: el diagnóstico, la coordinación, la atención al paciente complejo, la comunicación con otros equipos y la visión global. No es un espacio centrado en una sola enfermedad, sino en personas cuya situación clínica exige mirar muchas piezas al mismo tiempo. 

Tras casi dos décadas de funcionamiento, la mayoría de los pacientes que ingresan en ella presentan patologías médicas, especialmente sepsis e insuficiencia respiratoria que requiere ventilación mecánica no invasiva. En un contexto de población cada vez más envejecida y pacientes con más enfermedades simultáneas, este tipo de unidades adquiere un papel creciente. 

Para el Dr. Lucena, el mensaje para los pacientes y sus familias es claro: “En la Clínica tenemos muchos niveles de atención y equipos de coordinación muy eficaces, así que pueden tener por seguro que, sean cuales sean sus necesidades, van a estar bien cuidados”.