Mente y salud

El verano como una parada ‘en boxes’ para aprender a descansar 


La velocidad del día a día nos hace llegar a las vacaciones saturados y con ganas de olvidarnos de todo. Esto suele terminar en una buena intención sin éxito y volvemos a la vorágine de la rutina casi más cansados de lo que nos fuimos. Especialistas de la Clínica explican el porqué y recomiendan unas medidas prácticas fáciles de aplicar para evitarlo

Imagen de una mujer contemplando el mar en contexto de aprender a descansar conforme recomiendan los especialistas de Psiquiatría de la Clínica Universidad de Navarra.
El verano puede convertirse en una oportunidad para reconectar con uno mismo y con la familia.

Texto: Leyre Úriz

Fotografía: Manuel Castells y José Juan Rico

15 de junio de 2026

Vivimos rápido. Dormimos peor. Estamos más cansados. Y, aun así, lo hemos normalizado. En los tiempos que corren, el estrés se ha instalado como forma de vivir durante el año, cuando funcionamos según las tareas y las exigencias del día a día. El verano aparece entonces como una especie de salvación para parar y desconectar radicalmente de todo lo que veníamos haciendo en el día a día durante el curso. Error. Paramos en seco, cambiamos nuestros hábitos y “nos vamos unos días fuera”, pero aun así no conseguimos descansar. Cuando volvemos a la rutina parece que hayamos cogido fuerzas para todo lo que viene, pero, a los pocos días, nos vemos en la misma situación que estábamos antes de irnos para desconectar.  

¿Por qué ocurre esto? ¿Estamos descansando mal? 

El cambio de rutina requiere un periodo de adaptación, algo parecido a lo que ocurre cuando regresamos al trabajo en septiembre, pero al revés. Esta vez es para acostumbrar al cuerpo a un ritmo de vida más tranquilo y consciente. El verano, lejos de ser una pausa es, más bien, una oportunidad para reaprender a vivir con más calma, más consciencia y más sentido. El descanso en el ámbito físico y mental es una habilidad que se entrena, o por lo menos así lo definen los psiquiatras y pediatras de la Clínica Universidad de Navarra. Todos coinciden en algo: desconectar no es solo parar, debe servir también para aprender a vivir de otra manera.  

“No se trata solo de descansar, sino de cansarse menos” 

El Dr. Enrique Aubá lo explica de forma muy clara: durante el año, el estrés ya no aparece solo en momentos puntuales. Se mantiene. Se instala. El especialista en Psiquiatría insiste en que el problema no es tanto el estrés en sí, sino la falta de pausas reales. El cuerpo está preparado para activarse, pero no para no parar nunca. “Hay personas que llegan a las vacaciones con el mismo nivel de exigencia que durante el curso. Cambian el escenario, pero no la forma de vivir”, explica. Vacaciones planeadas al minuto, correr de un plan a otro para “aprovechar al máximo”... De esta forma, cuenta, esperamos desconectar del todo, parar en seco lo que estábamos haciendo para empezar otro escenario, pero con el mismo ritmo, y eso no es real. Para el Dr. Aubá es muy importante ajustar las expectativas de las vacaciones para evitar la frustración. 

Imagen del Dr. Enrique Aubá, Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra.
“El estrés sostenido mantiene elevado el cortisol, una hormona que a medio o largo plazo puede afectar al cerebro, especialmente a las áreas de memoria y regulación hormonal”

ENRIQUE AUBÁ
Especialista en Psiquiatría y Psicología Clínica

“El verano es un momento maravilloso de reencuentro, pero también un arma de doble filo” 

El Dr. Adrián Cano, responsable de la Unidad de Diagnóstico y Terapia Familiar de la Clínica, hace una reflexión importante acerca del tiempo en familia y la conexión, que no siempre van de la mano. “Durante el año vivimos en automático, pero, de repente, aparece el tiempo libre y con él los roces familiares”, asegura. Lejos de ser una amenaza, el psiquiatra lo considera una oportunidad. El problema no es estar juntos, es cómo estamos juntos. El Dr. Cano propone reencontrarse, volver a conectar con las personas de nuestro entorno con las que solemos pasar tiempo superficial, hablar más, hacer planes sencillos y volver a compartir tiempo real. No virtual, otro de los grandes peligros del tiempo libre. Un viaje en coche. Una comida sin prisa. Un plan improvisado.

Imagen del Dr. Adrián Cano, Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Clínica Universidad de Navarra.
“Más tiempo en familia no es igual a más conexión. La conexión requiere intención”

ADRIÁN CANO
Director de Psiquiatría y Psicología Clínica

“Desconectar de las pantallas para volver al presente” 

La Dra. María Vallejo, especialista en Psiquiatría y Psicología Médica con dedicación preferencial a niños y adolescentes, señala que la inmersión en pantallas fragmenta la atención y dificulta la experiencia plena del presente. El cerebro alterna continuamente entre dos escenarios: el virtual y el físico. El bombardeo de estímulos en el virtual reduce la profundidad con la que vivimos los momentos físicos y aumenta la sensación de dispersión mental. 

La Dra. Vallejo recomienda volver, aunque sea a ratos, unos años atrás, cuando las pantallas no inundaban nuestro día a día. “Cuando se reduce la exposición a pantallas, el sistema nervioso sale de un estado de sobreestimulación. Esto permite que se activen redes cerebrales relacionadas con la reflexión, la creatividad y la regulación emocional”, reflexiona. Según explica, en esos espacios de menor ruido, el cerebro organiza información, refuerza aprendizajes y recupera el equilibrio. 

Para ella, no se trata de eliminar la tecnología, sino de ordenar su uso. Pequeños cambios, sobre todo de los momentos de uso, pueden tener un impacto significativo en la calidad del descanso y la atención.

Imagen de la Dra. María Vallejo
“Desconectar no es apagar la tecnología, es recuperar el control de la atención” 

MARÍA VALLEJO
Especialista en Psiquiatría y Psicología Clínica

“El verano no es desorden. En estos meses el cuerpo sigue necesitando ritmo” 

La Dra. Ana Catalán, especialista en Pediatría, recuerda que, en el caso de niños y adolescentes, el descanso no depende solo de dormir más horas, sino de mantener cierto orden. Nuestro organismo se rige por los ritmos circadianos, funcionando como un reloj biológico interno que es aún más importante en niños y adolescentes. Este necesita regularidad para mantenerse en equilibrio. Cuando en verano cambiamos de forma brusca los horarios, ese sistema se desajusta. 

La especialista lo compara con una especie de “jet lag social”. Esto significa que el cuerpo pierde referencias y aparecen dificultades para conciliar el sueño, retrasos en la hora de acostarse y más somnolencia durante el día. No se trata de mantener la rigidez a la que estamos acostumbrados durante el curso, pero sí de evitar cambios constantes y bruscos que acaben afectando a la calidad del descanso. 

Además, insiste en un factor que muchas veces pasa desapercibido: la luz. “La exposición a la luz natural es el sincronizador más potente del reloj circadiano”, explica. La luz de la mañana ayuda a adelantar el reloj interno, mientras que la del final del día lo retrasa. En este sentido, la doctora subraya la importancia de favorecer la exposición a la luz natural durante el día y reducir la exposición a pantallas por la noche, por lo menos 30 minutos antes de acostarse. 

Silueta de la Dra. Ana Catalán, pediatra de la Clínica Universidad de Navarra
“El aumento de la temperatura nocturna en verano puede disminuir el tiempo de sueño hasta 3,7 minutos por cada 5°C” 

ANA CATALÁN
Especialista en Pediatría

Imagen icono redondo color de unas manos con un corazón.

Cinco consejos generales para descansar este verano 

  1. Bajar el ritmo, no desaparecer. No es necesario cortar con todo, sino reducir la intensidad: menos planes, menos prisa y menos exigencia.
  2. Compartir tiempo real en familia. Comer juntos, conversar sin prisa o hacer actividades en común fortalece el vínculo. 
  3. Cuida tu sueño. En el caso de los niños y adolescentes, la Academia Americana de Medicina del Sueño establece las siguientes recomendaciones por edad:  
    1. Niños de 1-2 años: 11-14 horas (incluyendo siestas)
    2. Niños de 3-5 años: 10-13 horas (incluyendo siestas)
    3. Niños de 6-12 años: 9-12 horas 
    4. Adolescentes de 13-18 años: 8-10 horas 
  4. Reducir el uso de pantallas en verano. Empezar por pequeños cambios realistas, estableciendo momentos sin pantallas en las comidas o antes de dormir. No se trata de prohibir, sino de ordenar y dar sentido al uso de la tecnología.  
  5. Bajar el ritmo. No llenar cada momento también es descansar: parar, observar o simplemente dejar pasar el tiempo. 
Imagen icono redondo color de un cuestionario

TEST | ¿Cómo descansa en verano? 

Marque la opción que mejor encaje con su forma habitual de vivir las vacaciones: 

1. Al despertar… 

A. Miro el móvil casi automáticamente 

B. A veces lo miro, a veces no 

C. Empiezo el día sin pantallas 

2. Cuando llega un mensaje o un correo en vacaciones… 

A. Suelo contestar al momento 

B. Depende de la situación 

C. Puede esperar sin problema 

3. Los días de vacaciones suelen ser… 

A. Llenos de planes para aprovechar el tiempo 

B. Con algo de todo: planes y ratos tranquilos 

C. Bastante relajados, sin necesidad de llenarlos 

4. Durante el tiempo con familia… 

A. Solemos estar juntos, pero cada uno con su dispositivo 

B. Hay momentos compartidos, aunque con interrupciones 

C. Intento que sea tiempo real, sin distracciones 

5. Los momentos “de no hacer nada”… 

A. Me incomodan o siento que pierdo el tiempo 

B. Depende del momento 

C. Los disfruto, me ayudan a parar

RESULTADOS

Mayoría de A - Suspenso 

Aunque tenga tiempo libre, sigo en modo actividad. Me cuesta bajar el ritmo y desconectar de verdad. Introducir pequeños cambios propuestos por los especialistas puede marcar la diferencia. 

Mayoría de B - Aprobado 

Consigo combinar descanso y actividad, pero todavía arrastro parte del ritmo habitual. Hay margen para parar un poco más. 

Mayoría de C - Sobresaliente 

He aprendido a bajar la intensidad y a respetar los tiempos de descanso. El reto es mantenerlo también fuera del verano.