El propósito de Lola 

Lucía y Sebastián transmiten paz. Paz y mucha serenidad. Una confianza exacerbada en que la vida de su hija Lola, por muy corta que fuera, mereció la pena y tuvo un propósito del que todavía se obtienen frutos. Por eso, no dudan en narrar con todo detalle cómo cambió su vida desde el día en el que la Dra. Laura Muñóz Sáa, ginecóloga de la Clínica Universidad de Navarra, les comunicó que algo no marchaba bien en su embarazo.  

Los dos vienen de familias numerosas y han tenido también la valentía de formar la suya con muchos niños. Entrar en su casa es una muestra de que la vida se abre paso a diferentes niveles. Desde la altura de Chía, la mayor, que con 16 años es sonriente, atenta y madura, hasta la de la pequeña María, que con apenas seis meses da buena cuenta de las numerosas fresas de una pequeña huerta que Sebastián ha plantado en el jardín.  

Todos tienen presente a Lola en el día a día. Lucía y Sebastián se habían mudado de Barcelona a Madrid en 2019. Estaban atravesando una época ajetreada en la que los niños tuvieron que adaptarse a un modelo escolar diferente, a lo que supone cambiarse de ciudad y, en el caso de los mayores, a las puertas de la adolescencia. La vida en Madrid había echado a andar. Lucía tenía programada la ecografía de la semana 12 –la “primera importante”–, y acudió sola a su cita en la Clínica. “Habíamos tenido ya seis hijos y no me había perdido ninguna”, recuerda Sebastián, “pero así son las cosas”. La Dra. Muñoz recibió a Lucía y comenzó la prueba. Después de unos minutos de silencio, y una vez que se incorporó, le confirmó que algo no iba bien.  

Lucía pensó que se trataba de algo circunstancial y más o menos similar a otras experiencias que ya había vivido en embarazos pasados: el niño es demasiado pequeño, hay exceso o poco líquido amniótico, la placenta sufre algún problema, o cualquier cuestión similar con una solución factible. Sin embargo, en este caso, la doctora les explicó que su bebé no podría salir adelante.  

La anencefalia es un término médico que la mayoría de la población desconoce. Se trata de un problema congénito grave del tubo neural que se produce durante las primeras semanas del embarazo y que provoca la ausencia total o parcial del cráneo, lo que provoca que el cerebro no se pueda desarrollar con normalidad y que, después del parto, el estado del bebé sea incompatible con la vida.   

Al recibir esta noticia, y ya camino del coche, Lucía se inundó en un mar de lágrimas al llamar a Sebastián para contarle el diagnóstico. Después de colgarle, y mientras regresaba a su casa, comenzó a rezar, buscando una paz difícil de encontrar en una situación así. Se dice que el hombre es capaz de resistir y sobreponerse a los traspiés que la vida le pone delante. Aunque esa capacidad adquiere en ocasiones tintes heroicos, Lucía y Sebastián ponen en el centro su clave para seguir adelante: Dios.  

Desde su experiencia, asumen y comparten que los hijos son de Dios y para Su gloria. Cuentan que cada uno tiene su propósito y fin en este mundo y que, algún día, esperan llegar todos al cielo. Lucía añade que “desde la perspectiva de la fe, se obtiene tranquilidad y mucha paz”. Hablan y comparten abiertamente de sus creencias, pero repiten con convicción que “digan lo que digan las semanas de gestación, es tu hijo, tú eres su madre y él es perfecto tal y como es”. Con esa mentalidad afrontaron los siguientes meses en familia y con la compañía de los profesionales de la Clínica que les apoyaron durante todo el embarazo. 

Imagen de una caja de recuerdos del nacimiento del hijo de Lucía y Sebastián, familia del programa CUN Te Acompaña de la Clínica Universidad de Navarra.

Lola nació el 19 de marzo, día de San José. Para ellos era una fecha con mucho significado. Vivió solo unos minutos, pero sus padres relatan que movió los ojos y que pareció reconocer sus voces antes de fallecer. La tuvieron en brazos durante todo el día y los hermanos mayores también la conocieron. Todos participaron en la elaboración de un álbum de fotos y cartas dedicado a su hermana.  

En tono de gratitud, Lucía y Sebastián relatan la cercanía, la disponibilidad y la sensibilidad del equipo médico ante una situación excepcionalmente delicada, tanto en lo clínico como en lo humano y espiritual. Algo que se mantuvo desde el diagnóstico hasta el nacimiento.  

Años después, sostienen que esta experiencia transformó su matrimonio, su fe y la relación con sus otros hijos. Por eso, insisten en la idea de que “cada minuto merece la pena” y que el amor “no entiende de tiempos”. Además, insisten en que la experiencia no fue trágica, sino “un regalo que supuso un antes y un después para toda la familia, aunque la gente no siempre entiende nuestra forma de vivirlo”.  

Lola vino al mundo por un propósito. Se fue pronto, pero sus restos reposan junto a una pequeña ermita en el jardín de casa, cerca de su familia, mientras les espera a todos en su casa del cielo. Desde allí los acompaña.