La vitamina D, más allá del sol y los huesos
¿Por qué la falta de vitamina D es tan frecuente incluso en países soleados? ¿Qué dice la evidencia científica actual? ¿Cuándo conviene medirla? ¿Por qué no siempre es buena idea tomar suplementos “por si acaso”? Especialistas en Endocrinología y Nutrición, Ginecología y Obstetricia, y Psiquiatría de la Clínica Universidad de Navarra hablan sobre este nutriente clave para la salud
Texto: María Marcos Graziati
Fotografía: Manuel Castells
4 de febrero de 2026
Durante años, la vitamina D se ha asociado casi exclusivamente al sol y a la salud de los huesos. Sin embargo, la evidencia científica acumulada en la última década ha ampliado de forma notable su papel en el organismo. Hoy sabemos que este nutriente —que en realidad actúa más como una hormona— influye en múltiples sistemas: desde el metabolismo óseo y muscular hasta el sistema inmunitario, el equilibrio hormonal y el bienestar emocional.
Aun así, el déficit de vitamina D sigue siendo sorprendentemente frecuente. En Europa, entre un 30% y un 50% de la población presenta niveles insuficientes, incluso en países soleados como España. Un fenómeno silencioso que plantea retos clínicos y de salud pública, y que requiere información rigurosa, sin alarmismos ni mensajes simplistas.
Una vitamina que actúa como hormona
La vitamina D es liposoluble (se disuelve en grasas y aceites), pero su forma activa —el calcitriol— se comporta como una auténtica hormona. Tras sintetizarse en la piel gracias a la radiación solar o incorporarse a través de la dieta y los suplementos, se activa en el hígado y el riñón y actúa sobre numerosos tejidos.
“La vitamina D no solo regula la absorción de calcio y fósforo; también interviene en la función muscular, el sistema inmune, el metabolismo y la regulación de la inflamación”, explica la Dra. Ana Hernández Moreno, responsable del Área de Nutrición de la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona, y especialista en Endocrinología y Nutrición.
Este carácter “multifuncional” explica por qué su déficit puede pasar desapercibido o manifestarse con síntomas poco específicos, como cansancio, debilidad muscular o dolor óseo difuso.
¿Por qué falta vitamina D incluso en países soleados?
La paradoja es clara: vivir en un país con muchas horas de sol no garantiza niveles adecuados de vitamina D. La explicación está en los hábitos de vida y en factores biológicos.
Pasamos la mayor parte del día en interiores, utilizamos fotoprotección —necesaria para prevenir el cáncer de piel— y solemos exponernos al sol en horas en las que la radiación no es suficiente para estimular la síntesis cutánea. Además, durante varios meses al año, la radiación UVB es insuficiente incluso en latitudes mediterráneas.
DRA. ANA HERNÁNDEZ
Especialista en Endocrinología y Nutrición y responsable del Área de Nutrición en Pamplona
A esto se suman otros factores de riesgo como la edad avanzada, la piel oscura, la obesidad, enfermedades crónicas o una dieta pobre en alimentos ricos en vitamina D. “Aunque vivamos en un país soleado, la combinación de todos estos factores hace que el déficit siga siendo frecuente”, subraya la Dra. Hernández.
Salud ósea: el papel mejor conocido
El vínculo entre vitamina D y salud ósea es el mejor establecido científicamente. Su función es esencial para que el calcio se absorba correctamente y se incorpore al hueso. En palabras del Dr. Álvaro Ruiz Zambrana, especialista en Ginecología y Obstetricia de la Clínica Universidad de Navarra, “el calcio son los ladrillos del hueso y la vitamina D es el cemento: si falta uno de los dos, el hueso no se forma correctamente”.
Este equilibrio es especialmente relevante en etapas como la menopausia, cuando el descenso de estrógenos acelera la pérdida de masa ósea y aumenta el riesgo de osteoporosis y fracturas. Aunque, a lo largo de la vida de la mujer, existen diversos momentos de especial vulnerabilidad en los que la vitamina D adquiere un papel clave, como el embarazo o la lactancia.
Durante el embarazo, las necesidades aumentan. El feto obtiene el calcio y la vitamina D de la madre, lo que puede favorecer déficits si no se cubren adecuadamente. “La vitamina D es fundamental para el desarrollo óseo del bebé y también para mantener la salud ósea de la madre”, explica el Dr. Ruiz Zambrana. Además, se ha observado su relación con el metabolismo de la glucosa y el control de la tensión arterial, lo que la vincula al riesgo de padecer diabetes gestacional o preeclampsia.
También durante la lactancia la vitamina D se comparte con el recién nacido a través de la leche materna, por lo que mantener niveles adecuados sigue siendo importante, especialmente en lactancias prolongadas.
La densitometría mide el grado de mineralización del hueso y se usa en el diagnóstico precoz de la osteoporosis, el control de su evolución y valoración terapeútica.
Más allá del hueso: metabolismo, defensas y músculo
La investigación ha demostrado que la vitamina D participa en la función muscular y neuromuscular, por lo que su déficit se asocia a un mayor riesgo de caídas, especialmente en personas mayores, y a una sensación general de debilidad.
También actúa como modulador del sistema inmunitario, ayudando a regular la respuesta inflamatoria. Aunque no sustituye vacunas ni tratamientos, niveles adecuados de esta vitamina se han relacionado con una menor vulnerabilidad a infecciones respiratorias.
Alimentación y suplementos: cuándo sí y cuándo no
La dieta, por sí sola, rara vez cubre las necesidades de vitamina D. Los alimentos que la contienen de forma natural son escasos: pescados grasos, yema de huevo o hígado. Por eso, en determinados casos, la suplementación está indicada.
“No se trata de tomar vitamina D ‘por si acaso’”, advierte la Dra. Hernández. En personas sanas sin déficit ni factores de riesgo, no se ha demostrado beneficio. Además, un consumo excesivo y prolongado puede provocar efectos adversos.
La vitamina D no es una panacea, pero tampoco un detalle menor. Entender su papel real, basado en la evidencia, permite aprovechar sus beneficios allí donde son necesarios y evitar excesos innecesarios. Un equilibrio que forma parte de una visión integral de la salud.
¿De dónde obtenemos la vitamina D?
- 80–90%: síntesis cutánea por exposición solar
- 10–20%: alimentación y suplementos
Los rangos de 25-hidroxivitamina D (25-OH-D) más utilizados en práctica clínica habitual son:
- Déficit: < 20 ng/mL.
- Insuficiencia: 20–30 ng/mL.
- Suficiencia/Nivel óptimo para la mayoría: ≥ 30 ng/mL, con muchos expertos situando rango objetivo entre 30–50 ng/mL.

Vitamina D y salud mental: lo que dice la evidencia
Dra. María Dívar, especialista en Psiquiatría.¿A quién conviene medir los niveles de vitamina D?
Las guías clínicas coinciden en que no es necesario medir la vitamina D de forma rutinaria en personas sanas sin factores de riesgo. Sin embargo, sí está indicado en determinados grupos:
- Personas mayores (especialmente las que viven en residencias).
- Pacientes con osteoporosis o fracturas previas.
- Mujeres embarazadas o con síndrome de ovario poliquístico sin suplementar.
- Personas con poca exposición solar (trabajo nocturno, vida muy interior).
- Personas con piel oscura o fototipos altos.
- Personas con obesidad o con enfermedades que condicionen malabsorción intestinal (celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, cirugía bariátrica o resección gástrica).
- Personas con enfermedad hepática o insuficiencia renal crónica.
- Niños lactantes sin suplementación adecuada.
- Personas que toman ciertos fármacos que afectan al metabolismo de la vitamina D (anticonvulsivantes, glucocorticoides, algunos antirretrovirales).