Dos mujeres, dos pelucas y un mismo espejo
Rocío y Carmen son pacientes oncológicas del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra. Las dos han descubierto que cuidar la propia imagen es una forma de proteger su identidad. Ambas han decidido afrontar la enfermedad sin dejar que ocupe el centro de sus vidas. Para ellas, la actitud y el cuidado personal han sido una parte muy importante en el camino contra el cáncer
Texto: Álvaro Sánchez León
Fotografía: e2f25880-fd47-4ae9-9cd2-49ab577a1b8a
15 de octubre de 2026
"No quería que la gente sintiera pena por mí. Quería que me siguieran viendo como la misma persona”. Cuando Rocío pronuncia esta frase resume uno de los miedos más frecuentes de muchas personas que reciben un diagnóstico de cáncer. No es solo la enfermedad, ni la quimioterapia. Es ese momento en que el espejo empieza a devolver una imagen desconocida.
La caída del cabello suele convertirse en el primer signo visible. Desde ese instante, la enfermedad deja de ser íntima para hacerse pública. Y, sin embargo, eso no tiene por qué vivirse como una derrota.
Rocío y Carmen, pacientes del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, decidieron afrontar ese momento de otra manera. Ambas continuaron trabajando, mantuvieron su vida familiar y social y encontraron en una peluca de pelo natural y en la micropigmentación de las cejas dos aliados inesperados para conservar algo mucho más importante que su aspecto físico: su identidad.
"Quería seguir siendo yo"
Rocío recibió el diagnóstico de un cáncer de mama durante una revisión ginecológica rutinaria a finales de 2023. Tras confirmar el diagnóstico en la Clínica, fue intervenida por la Dra. Isabel Rubio y posteriormente inició un tratamiento de quimioterapia y radioterapia. Meses después apareció un segundo cáncer primario en la vejiga que obligó a una nueva cirugía.
Para Rocío, mantener una cierta normalidad durante su enfermedad tenía un gran valor.
En ninguna de las vueltas del camino quiso que la enfermedad ocupase el centro de su vida. "Decidí hacer vida normal. Quería seguir trabajando y seguir aportando. No quería que el cáncer definiera quién era”.
Como directiva de una multinacional energética y presidenta de una asociación empresarial, sabía que la exposición pública formaba parte de su día a día. "Tenía claro que no quería que la gente me mirara con compasión. Quería que me escucharan por lo que decía, y no que la conversación empezara siempre preguntándome cómo estaba”.
Carmen vivió un proceso diferente. Un cáncer de ovario diagnosticado tras unos análisis rutinarios obligó a una cirugía de alta complejidad realizada por el Dr. Luis Chiva y, posteriormente, a un tratamiento con quimioterapia. Hoy permanece libre de enfermedad mientras participa en un ensayo clínico de inmunoterapia.
También ella tuvo clara la decisión desde el principio de no abandonar su vida. "La enfermedad llega sin pedir permiso, pero tú decides cómo quieres vivirla”.
El día que llega la peluca
Tanto Rocío como Carmen coinciden en que uno de los momentos emocionalmente más difíciles de su travesía oncológica fue el día en que comprendieron que iban a perder el pelo.
ROCÍO
Paciente del CCUN
CARMEN
Paciente del CCUN
Rocío llevaba una melena muy larga. "Pregunté si había alguna posibilidad de conservarla. El oncólogo me dijo que la caída era inevitable”. En lugar de esperar a que el cabello comenzara a desprenderse poco a poco, decidió adelantarse. Se lo fue cortando progresivamente hasta rapárselo y estrenó entonces una peluca de pelo natural.
"Es un impacto. Te enfrenta de golpe a la realidad de la enfermedad. Pero, curiosamente, una vez te la colocas sucede lo contrario de lo que imaginabas: recuperas el control. Piensas: adelante, esto se puede superar”.
Carmen probó algunas opciones. "Cuando pasé a una que mi peluquera adaptó a mi estilo, dejé de sentir que llevaba una peluca y volví a reconocerme”.
Mucho más que una cuestión estética
Las pelucas les permitieron seguir trabajando, salir a la calle, entrar en una reunión o comer con la familia sin que la enfermedad lo colonizara todo.
Rocío recuerda que la mayoría de sus compañeros ni siquiera advirtió el cambio. "Pensaban que había cambiado de peinado o de color. Incluso en verano me decían que el sol me había aclarado mucho el pelo”. Esa normalidad tenía un enorme valor. "No era esconder el cáncer. Era impedir que el cáncer fuera lo único”.
Carmen volvió a reconocerse cuando su peluquera adaptó una peluca a su estilo.
Para Carmen había además un motivo profundamente familiar. "No quería que mis hijas ni mis nietos pequeños recordaran a su madre o a su abuela por la alopecia. Quería que siguieran viéndome fuerte."
Si ambas tuvieran que dar un consejo a una mujer que va a empezar la quimioterapia, coinciden en el mismo: "No esperes a perder las cejas”. La micropigmentación realizada antes del tratamiento fue, para las dos, una de las decisiones más acertadas.
"Las cejas son el marco de la mirada", explica Carmen. "Cuando desaparecen es cuando realmente cambia la expresión de la cara." Rocío coincide. "Las cejas te devuelven la expresión. Hacen que la peluca parezca completamente natural y evitan ese aspecto de cansancio que tantas veces asociamos al cáncer”.
Seguir viviendo
Hoy, Rocío ha recuperado su pelo natural después de casi nueve meses utilizando la peluca. Carmen continúa su tratamiento con serenidad. Las dos miran hacia adelante con la misma convicción. La vida las ha llevado a afrontar una enfermedad difícil, pero ellas no han permitido que les arrebatara su manera de vivir. "Lo importante no era tener pelo", dice Rocío. "Lo importante era seguir siendo yo."
Carmen concluye con una reflexión que resume el sentido de todo el camino: "Arreglarme cada mañana no es un gesto de vanidad, sino una forma de recordarme que sigo teniendo toda una vida por delante, a pesar de los pesares”.

La opinión especializada | "Verse bien también ayuda a sentirse mejor"
La pérdida del cabello es una de las preocupaciones más frecuentes entre las mujeres que reciben un diagnóstico de cáncer. La Dra. María Die Trill, psiconcóloga del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, asegura que este tema aparece en prácticamente todas las primeras consultas. "En el 98% de los casos hablamos de ello, porque sabemos que la caída del pelo no es solo un cambio físico: supone una ruptura con la vida que la paciente llevaba hasta ese momento".
Por eso, recomienda preparar ese momento antes de que llegue, explicando cómo será el proceso, aconsejando cortar progresivamente el cabello y, si la paciente lo desea, acudir a una peluquería especializada antes de iniciar el tratamiento para encontrar una peluca lo más parecida posible a su aspecto habitual.
Para la especialista, no existe una única forma correcta de afrontar ese cambio. Hay mujeres que deciden llevar peluca durante todo el tratamiento y otras que prefieren un pañuelo, un turbante o mostrar su cabeza sin complejos. Lo importante no es esconder la enfermedad, sino encontrar aquello que ayude a sentirse mejor. "El cáncer ya supone una ruptura muy importante en la vida. Todo lo que aporte continuidad, normalidad y haga que la persona se reconozca frente al espejo tiene un enorme valor". Mantener la propia imagen, explica, favorece el bienestar emocional y ayuda a conservar la sensación de identidad en una etapa especialmente difícil.
La Dra. Die Trill recuerda que el impacto inicial de perder el pelo suele ser doloroso, pero también que la inmensa mayoría de las pacientes terminan adaptándose. "Las personas tenemos una capacidad extraordinaria para afrontar situaciones muy difíciles".
Con el paso de las semanas, muchas descubren nuevas maneras de cuidarse, recuperan la confianza y, cuando el cabello vuelve a crecer, comprueban que esa etapa también queda atrás. "Siempre les digo que busquen todo aquello que les haga sentirse mejor: una peluca, un turbante, un poco de maquillaje, hacer deporte, estar con la familia, rezar... Todo suma". Porque, concluye, cuidar el aspecto físico no es una cuestión de vanidad, sino una forma más de cuidar a la persona mientras lucha contra la enfermedad.