Residentes por el mundo

Mirar la medicina desde otros lugares


Tres residentes de la Clínica Universidad de Navarra comparten cómo sus rotaciones internacionales —en Estados Unidos, R.D. del Congo y Francia— han ampliado su forma de entender la medicina, el paciente y el trabajo en equipo. Experiencias distintas, contextos opuestos y un mismo aprendizaje: salir fuera también es una forma de volver con una mirada más completa

Tres fotos de tres médicos residentes de la Clínica Universidad de Navarra en sus rotaciones en el extranjero en 2026.
Isabel Lizarraga, Leyre Echegoyen y Paula Domench durante sus respectivas rotaciones en Houston, Kinshasa y Toulouse.

Texto: María Marcos Graziati

Fotografía: Cedidas

12 de mayo de 2026

Imagen del mapa de EE.UU. silueteado en azul.

Nombre: Isabel Lizarraga

Departamento: MIR R4 Psiquiatría

Rotación: University of Texas Health, Houston, EE.UU.

Imagen de la silueta en azul del mapa de la R. D. del Congo.

Nombre: Leyre Echegoyen

Departamento: FIR R3 Microbiología

Rotación: Centre Hospitalier Monkole, Kinshasa, R. D. del Congo

Silueta azul del mapa de Francia.

Nombre: Paula Domench

Departamento: MIR R3 Oftalmología

Rotación: Clinique Rive Gauche, Toulouse, Francia

Salir del entorno habitual, enfrentarse a otros sistemas sanitarios y aprender a trabajar en contextos muy distintos es, para muchos residentes, una de las experiencias más transformadoras de su formación. En la Clínica Universidad de Navarra, estas rotaciones internacionales forman parte de un itinerario que permite ampliar la mirada clínica y personal más allá de las fronteras.

Las experiencias de Isabel Lizarraga, Leyre Echegoyen y Paula Domench reflejan tres formas muy diferentes de vivir esa salida al exterior: desde un hospital puntero en Houston hasta un proyecto de cooperación en el Congo o una clínica especializada en Toulouse. Tres destinos que, sin embargo, comparten un mismo resultado: cambiar la forma de entender la medicina.

Aprender en otros sistemas, pensar de otra manera

Cuando Isabel llegó a Houston, su primera impresión fue la magnitud del entorno. Un complejo hospitalario enorme, con múltiples centros interconectados, donde todo parecía diseñado para optimizar la asistencia y la investigación. Pero más allá del impacto inicial, lo que marcó su rotación fue la forma de trabajar.

Imagen de varios jóvenes con la ciudad de Houston de fondo.

Isabel, en el centro de la imagen, durante su rotación en Houston.

“Allí todo está muy protocolizado”, explica. En Psiquiatría, las entrevistas clínicas siguen escalas estandarizadas que permiten objetivar mejor la información. Un enfoque que, a su vuelta, ha intentado incorporar a su práctica diaria: recoger más datos, sistematizar mejor las valoraciones y estructurar el abordaje clínico.

También le llamó la atención la organización del equipo. Antes de que el paciente llegue a consulta, otros profesionales ya han recogido información clave, lo que permite al médico centrarse en la toma de decisiones. Un modelo que refleja una forma distinta de distribuir el trabajo y que impacta directamente en la eficiencia asistencial.

Además, la rotación le permitió enfrentarse a una realidad social diferente. En Psiquiatría Infantil, el peso de los factores sociales —como el acceso a drogas o situaciones de abuso— es mucho mayor, lo que condiciona tanto el diagnóstico como el abordaje terapéutico.
“Rotar fuera te abre la mente”, resume. No solo por lo que se aprende, sino por lo que obliga a cuestionar de la propia práctica.

Un golpe de realidad

Si la experiencia en Houston supuso un cambio en la forma de trabajar, la de Leyre en el Congo fue, sobre todo, un cambio de perspectiva.

Su rotación se enmarca en el proyecto Elikia, centrado en el cribado del virus del papiloma humano para prevenir el cáncer de cuello de útero, una enfermedad que en ese contexto sigue siendo la primera causa de mortalidad femenina. Allí, la medicina se enfrenta a una realidad donde los recursos son limitados y la prevención adquiere un valor esencial.

“La primera palabra que vino a mi cabeza al llegar allí fue caos”, recuerda. Pero pronto matiza: un caos que funciona, sostenido por el esfuerzo de muchos profesionales y por una organización que, aunque distinta, permite atender a la población.

Imagen de varios médicos y residentes en una furgoneta en Kinshasa, República Democrática del Congo.

Leyre, en primera línea a la derecha, durante su rotación en Kinshasa.

Uno de los mayores retos es el seguimiento. “Muchas pacientes, incluso tras recibir un diagnóstico grave, no pueden acceder al tratamiento o no comprenden la importancia de hacerlo”, explica. Esto convierte la prevención en una herramienta clave y, al mismo tiempo, en un desafío constante.

Más allá de lo clínico, la experiencia también transforma la forma de relacionarse con el paciente y con el equipo. “Aprendes a escuchar más y a juzgar menos”, declara. Adaptarse a otra cultura, a otra manera de trabajar y a otras prioridades obliga a desarrollar una mirada más flexible y, sobre todo, más humana.

A su regreso, esa vivencia se traduce en pequeños cambios: una mayor conciencia del impacto real del trabajo médico y una forma distinta de entender el papel del profesional sanitario.

Incorporar lo aprendido, mejorar lo propio

La experiencia de Paula en Toulouse ofrece una tercera perspectiva: la de un entorno altamente especializado dentro de un sistema sanitario diferente.

En su rotación en una clínica oftalmológica centrada en pacientes pediátricos, pudo conocer de cerca el papel de los ortoptistas, profesionales especializados en trastornos de la visión binocular que no existen en España. Su trabajo le permitió profundizar en técnicas específicas de exploración y diagnóstico, especialmente en niños.

Imagen de varios médicos y residentes en una habitación de pruebas de Oftalmología en un centro privado de Toulouse, Francia.

Paula, a la izquierda en la primera fila, durante su rotación en Toulouse.

También destaca el aprendizaje práctico junto a especialistas con una amplia experiencia en estrabología, capaces de abordar casos complejos con gran precisión. Una oportunidad para observar diferentes técnicas quirúrgicas y formas de resolver problemas clínicos.

Sin embargo, más allá de las diferencias organizativas o técnicas, lo más relevante fue la posibilidad de incorporar nuevas ideas a su práctica habitual. “Una rotación externa siempre es enriquecedora”, señala, porque permite descubrir otras formas de hacer las cosas y quedarse con lo mejor de cada una.

Ese intercambio es, precisamente, uno de los valores clave de estas experiencias: no se trata solo de aprender fuera, sino de traer de vuelta nuevas perspectivas que puedan mejorar la atención al paciente.