Aprender a ser un gran médico desde el primer día
La Clínica Universidad de Navarra impulsa una formación práctica y transversal desde el inicio de la residencia a través de los talleres de profesionalismo, que ponen el foco en la relación con el paciente, la ética clínica y el trabajo en equipo
Texto: María Marcos Graziati
Fotografía: Manuel Castells
12 de mayo de 2026
Saber diagnosticar, prescribir un tratamiento o interpretar una prueba es solo una parte de la formación de un especialista. La otra, menos visible pero igual de decisiva, tiene que ver con cómo se cuida al paciente, cómo se le comunican las cosas o cómo se toman decisiones en situaciones complejas.
Con este enfoque nacen los talleres de profesionalismo dirigidos a los residentes de primer año de la Clínica, una iniciativa formativa que busca reforzar desde el inicio los valores y habilidades que definen el ejercicio de la medicina y que se consideran esenciales en la práctica asistencial de este hospital.
En este sentido, la Dra. Loreto García del Barrio, secretaria de la Comisión de Docencia y miembro de la Unidad de Educación Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, subraya que “la formación técnica es imprescindible, pero hay aspectos como la confidencialidad, la empatía o la relación con el paciente que también hay que enseñar”.
Lejos de las clases teóricas, la propuesta se apoya en la simulación clínica. Para ello, el hospital cuenta con el Área Clínica Simulada (ACS), donde los residentes participan en escenarios con pacientes y profesionales estandarizados que recrean situaciones reales de la práctica asistencial.
Cada sesión se estructura en dos partes: una representación inicial y un posterior análisis grupal o debriefing. “Lo importante no es intervenir, sino reflexionar: qué ha pasado, qué se podría haber hecho mejor o cómo se ha sentido el paciente”, señala la Dra. García del Barrio.
Casos reales para dilemas cotidianos
Las situaciones planteadas reflejan escenas habituales del entorno hospitalario, como la gestión de la información clínica, la comunicación de diagnósticos complejos o la toma de decisiones compartidas. “Son cuestiones de tacto y de respeto hacia el paciente y su entorno, pero todo esto también se puede aprender y entrenar”, subraya la especialista.
Además, a diferencia de otras actividades docentes, estos talleres no tienen un carácter evaluativo. “Esto no es un examen; es formación”, recalca la Dra. García del Barrio, destacando el valor de generar un entorno de aprendizaje seguro y participativo.
Confidencialidad en la era digital: nuevos retos para el profesional
El desarrollo tecnológico y el uso cotidiano de herramientas digitales han introducido nuevos desafíos en la práctica clínica. Compartir información, utilizar dispositivos móviles o interactuar en redes sociales son situaciones que requieren hoy una especial atención desde el punto de vista ético.
En este contexto, los talleres abordan de forma práctica cuestiones como el uso adecuado de la información clínica o los límites de la confidencialidad. “El secreto profesional sigue siendo un deber fundamental, pero ahora hay que recordarlo y contextualizarlo en nuevas situaciones”, apunta la doctora.
Cuatro claves del profesionalismo
Los talleres abordan cuatro ámbitos fundamentales. A través de estos ejes, los residentes exploran situaciones del día a día del hospital.
Intimidad del paciente
Confianza y confidencialidad
Autonomía y bienestar
Vulnerabilidad del paciente
Un aprendizaje que también conecta a los residentes
Más allá de los contenidos, los talleres cumplen una función clave en el inicio de la residencia: crear un espacio de encuentro entre profesionales que, en muchos casos, no se conocen entre sí.
Organizados en grupos reducidos y con perfiles diversos —medicina, enfermería, farmacia u otras disciplinas—, los residentes comparten reflexiones y puntos de vista en un entorno distendido. “Sirve también para que se conozcan entre ellos en un ambiente que se caracteriza por ser formativo, no evaluativo”, destaca la Dra. García del Barrio.
Este enfoque favorece una primera toma de contacto con el trabajo en equipo desde una perspectiva práctica, en la que cada profesional comienza a comprender el papel del resto dentro del proceso asistencial.
De la teoría a la práctica: lo que no siempre se enseña
Durante años, muchos aspectos del profesionalismo se han aprendido de forma implícita, a través de la observación en la práctica clínica. Sin embargo, la creciente complejidad del entorno sanitario ha puesto de relieve la necesidad de abordarlos de manera estructurada. “Antes, muchas de estas cuestiones se aprendían por ‘ósmosis’, viendo a tus maestros. Eso sigue pasando, pero ahora sabemos que hay que explicitarlo y enseñarlo”, explica la especialista.
Aspectos como la confidencialidad en la era digital, la comunicación con el paciente o la gestión de situaciones emocionalmente complejas requieren hoy una formación específica. Estos talleres responden precisamente a esa necesidad: hacer visibles y entrenables competencias esenciales que no siempre aparecen en los programas tradicionales.
Impacto y futuro del proyecto
Tras dos ediciones con una acogida muy positiva por parte de los residentes, el proyecto aspira a evolucionar hacia un programa longitudinal de profesionalismo que acompañe al residente a lo largo de toda su formación.
“Queremos construir un itinerario que incluya aspectos como equilibrio y autodominio, comunicación de malas noticias, gestión del error o trabajo en equipo”, explica la Dra. García del Barrio.
La iniciativa se alinea con una tendencia creciente en la educación médica, que sitúa el profesionalismo como un eje clave en la formación de los profesionales sanitarios.
Además, conecta con otros proyectos formativos de la Clínica centrados en la atención integral. Porque, como recuerda la especialista, “todo gira en torno a cómo cuidamos al paciente. Y eso no depende solo de lo que sabemos, sino también de cómo actuamos”.