Dr. Antonio González: “Creo profundamente en un modelo interdisciplinar: nadie es ‘el mejor’ en solitario”
El Dr. Antonio González es una de las figuras más destacadas de la oncología española. Director del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra, responsable del Departamento de Oncología Médica e investigador principal del grupo de Oncología Traslacional del Cima, ejerce además como vicepresidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)
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Fotografía: José Juan Rico
4 de febrero de 2026
Cuando el Dr. Antonio González asumió la dirección del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra tenía una visión clara: convertir el centro en un referente nacional e internacional en tratamiento e investigación del cáncer y situar a la Clínica Universidad de Navarra a la vanguardia de la Oncología.
¿Qué objetivos se marcó al asumir la dirección del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra?
Soy una persona ambiciosa en el buen sentido: me gusta mirar alto y lejos. Cuando llegué pensé que este centro podía convertirse en un referente en tratamiento e investigación del cáncer. El centro de Madrid era un hospital completamente nuevo y suponía una oportunidad para construir algo alineado con las necesidades actuales de los pacientes y con la evolución científica.
Creo profundamente en un modelo interdisciplinar: nadie es “el mejor” en solitario. Es el equipo el que marca la diferencia. Y eso es bueno para los pacientes, para la institución y para los propios profesionales.
¿Cuál ha sido la estrategia para unificar la actividad del Cancer Center entre Madrid y Pamplona?
La filosofía desde el inicio fue crear una estructura —virtual, lógicamente— que nos permitiera trabajar en Madrid y Pamplona con una metodología única. Y esto, en cáncer, y probablemente también en otras áreas, es fundamental. Nuestra aspiración siempre ha sido funcionar como un solo centro, aunque cada sede tenga su propia estructura física y su propio equipo humano, algo que no se puede replicar al milímetro. En el Cancer Center no hemos construido un puente entre Madrid y Pamplona, sino un paraguas común que permite que todos los profesionales trabajen con la misma aproximación a los pacientes con cáncer. Lo hacemos a través de comités multidisciplinares simultáneos, protocolos unificados, procedimientos administrativos idénticos y una organización que garantiza que no existan barreras de ningún tipo.
Ahora estamos dando un paso más: favorecer el contacto continuo entre los equipos. No se trata solo de trabajar bajo los mismos criterios, sino de generar espacios donde los profesionales convivan, compartan y generen ideas de mejora, tanto en la asistencia como en la investigación. Es una evolución natural. No podemos eliminar los 400 kilómetros que separan Madrid de Pamplona, pero sí podemos prescindir de todas las barreras administrativas. Eso ya está conseguido. Y ahora buscamos también una integración progresiva de los equipos, con profesionales que, cuando es necesario, pasan temporadas en una sede u otra. Yo siempre decía que si un paciente en Madrid recibe un tratamiento diferente al de otro en Pamplona, ese sería el principio del fin. En ese momento dejaríamos de ser un único centro para convertirnos en una franquicia. Y no queremos una franquicia. Nuestro modelo es un modelo único, con la misma excelencia en las dos sedes.
Líder en ensayos clínicos
Eso se refleja en la cantidad de ensayos clínicos en los que el centro participa.
La investigación clínica y traslacional es otro de los pilares del desarrollo del Cancer Center. Los ensayos clínicos son esenciales, porque representan la oportunidad de poner la innovación al alcance del paciente.
La investigación clínica ha evolucionado muchísimo. Antes, ofrecer un ensayo clínico era casi una última opción, cuando ya no quedaban alternativas. Hoy, en cambio, muchos ensayos parten de un desarrollo preclínico tan sólido que suponen una oportunidad de adelantarnos a la innovación que está por venir. A veces enriquecen el tratamiento estándar; otras, permiten acceder a fármacos y mecanismos de acción nuevos que podrían marcar la diferencia.
Los pacientes cada vez conocen mejor qué es un ensayo clínico y lo demandan. Saben que puede ser una oportunidad a la que no tendrían acceso por otra vía. España es líder mundial en investigación clínica; existe una cultura de participación tanto en profesionales como en pacientes. Participar en un ensayo tiene una parte de beneficio propio, sí, pero también una parte de contribución a la ciencia.
¿Cómo se relacionan con otros organismos?
La cooperación es uno de nuestros valores. Formamos parte de redes internacionales como OECI (Organisation of European Cancer Institutes), colaboramos con centros de EE.UU., de Europa y Canadá en proyectos globales de medicina personalizada y participamos en networks de compañías como AstraZeneca, BMS o Roche.
Ha mencionado al paciente responsable…
Estamos impulsando un Comité de Pacientes. Queremos que revisen nuestros procesos, la información que damos, cómo incorporamos tecnología… Siempre se ha dicho “todo por el paciente”, pero era sin el paciente. Queremos hacerlo con el paciente. El objetivo es que el paciente participe en su autocuidado allí donde pueda hacerlo. Y muchos quieren hacerlo; hay que darles herramientas y espacio.
Muchas personas me preguntan por qué sigo viendo pacientes. Seguir viendo pacientes me mantiene con los pies en el suelo, me ayuda a tener la perspectiva real de lo que necesitan. Y, además, es mi vocación principal.
DR. ANTONIO GONZÁLEZ
Director del Cáncer Center Clínica Universidad de Navarra
Diagnóstico y tratamiento
¿Cree que está cambiando el diagnóstico y el tratamiento?
Totalmente. Una de las próximas revoluciones es la biopsia líquida: poder obtener información de la sangre antes, durante y después de la enfermedad. El ADN circulante ya se utiliza en algunos tumores para seguimiento, y acabará siendo tan común como un PET-TAC.
Además, ya segmentamos pacientes según alteraciones genéticas o moleculares. Este camino no tiene final: aparecerán nuevos marcadores y nuevas terapias dirigidas. Lo importante es garantizar el acceso a lo que ya está validado.
¿Cómo ve la situación de la prevención y el diagnóstico precoz en España?
En España hay programas que funcionan bien: cribado de cáncer de mama, de colon, vacunación del VPH… Pero echo de menos una estrategia global que garantice igualdad de acceso en todas las comunidades autónomas. También falta educación sanitaria. A veces hay mucha información, pero no una estrategia continua, una “lluvia fina”.
Se habla de la “cronificación” del cáncer. ¿Qué opina?
Creo que sí podemos hablar de curación en algunos cánceres y en algunos estadios. En otros casos, hablamos de convivir con la enfermedad durante muchos años, como ocurre con la insuficiencia cardíaca o la cirrosis. El problema es que la palabra “cáncer” sigue generando más angustia que otras enfermedades crónicas, aunque el concepto está cambiando.
La inmunoterapia, por ejemplo, ha supuesto una revolución. En cáncer de endometrio metastásico con déficit de proteínas de reparación, el 60% de las pacientes responde y mantiene la respuesta durante largos periodos. Son datos impensables hace años. Pero aún queda el 40% restante, y ahí entra otra vez el inconformismo: seguir investigando.
Volvamos al principio, ¿por qué Oncología Médica? ¿Qué le motivó?
Fue una vocación sobrevenida, fruto de un encuentro fortuito. No era algo que tuviera previsto durante la carrera; de pronto tuve una llamada vocacional a la Oncología Médica que finalmente acepté, aunque inicialmente me resistí. Y no me arrepiento.
Vocación precoz
¿Y la vocación médica?
Sí, eso lo tuve siempre claro. Creo que desde los cinco años. Mi madre era enfermera y me llevó un día al hospital. Recuerdo entrar por primera vez y decir: “De mayor quiero ser médico”. Lo recuerdo perfectamente.
Evidentemente fue encaminando su formación hacia ser médico. ¿Y la investigación?
Nunca me visualicé como médico-investigador durante la carrera. Eso llegó después, durante la especialidad de Oncología. Ahí descubrí la investigación clínica y me pareció apasionante. Siempre he sido muy inquieto e inconformista, y creo que la investigación es precisamente para gente inconformista.
Como investigador traslacional, ¿cómo ha relacionado clínica e investigación a lo largo de su carrera?
La investigación traslacional debe partir de la clínica. Es viendo pacientes cuando surgen las preguntas; intentamos responderlas en el laboratorio y, a la vez, lo que observamos en el laboratorio intentamos trasladarlo de nuevo a los pacientes. Es un canal de comunicación continuo.
Y ahora que combina asistencia médica, investigación y gestión… ¿cómo lo vive?
La verdad es que no tuve vocación de gestor, pero mi desempeño profesional me ha traído hasta aquí. Yo no aspiraba a ser director de nada: mi objetivo era que la institución tuviera un centro de cáncer de referencia que integrara asistencia e investigación. A veces es difícil compaginarlo con la actividad asistencial o investigadora, porque la gestión es muy demandante y resta tiempo a otras tareas. Pero lo doy por bien empleado si en algo contribuye a mejorar la atención de los pacientes y al desarrollo profesional de mis colegas.
Si se encontrara su yo en 2040, ¿qué cree que vería?
Tendrá integrada la inteligencia artificial en su día a día de forma natural. Habrá mucha más tecnología de medicina personalizada. Y, lamentablemente, uno de los grandes retos será evitar la desigualdad: cuando la innovación avanza tan rápido, hay riesgo de que parte de la población se quede atrás.
También imagino pacientes mucho más implicados y con herramientas de automonitorización. Sistemas que generen alertas, seguimiento remoto… Nuestro reto en el presente y en el futuro es no perder la humanización en la medicina.