Hospital humanizado

El impacto del bienestar en la recuperación de un cáncer


Además del tratamiento oncológico, la forma en que el paciente cuida su cuerpo, gestiona sus emociones y se siente acompañado influye directamente en su bienestar y en cómo transita la enfermedad. Alimentación, ejercicio físico y salud mental se convierten así en aliados que marcan la diferencia

Imagen de una doctora abrazando a un paciente en la planta de hospitalización pediátrica de la Clínica Universidad de Navarra.
La Dra. Ana Catalán, especialista en Pediatría, con un paciente hospitalizado en la Clínica Universidad de Navarra en Pamplona.

Texto: María Domínguez

Fotografía: Manuel Castells y José Juan Rico

4 de febrero de 2026

El estado físico y emocional del paciente, y la actitud con la que afronta la enfermedad influyen de manera decisiva en su recuperación. El cáncer exige un abordaje complejo que combina los tratamientos farmacológicos o quirúrgicos, la quimioterapia y la radioterapia con el cuidado integral de la persona. 

“Tenemos que comprender que encontrarse bien física y emocionalmente es el arma más poderosa para hacer frente a cualquier situación adversa”, señala Sonia De Juan, integrante del Comité de Pacientes del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra. Para ello, existen distintos factores sobre los que se puede actuar –alimentación, ejercicio físico o salud mental– y que contribuyen a mejorar la calidad de vida.

“Cuando controlas estos estados, consigues bloquear todo lo negativo que rodea el cáncer, reduces el malestar, el dolor prácticamente desaparece y es entonces cuando surge, casi sin esperarlo, una fuerza interior desconocida que te llena de optimismo, alegría, esperanza y felicidad”, añade.

Alimentación y ejercicio físico

Los cambios de peso inexplicables, ya sean pérdidas o ganancias, pueden ser un indicador de que algo no va bien. La nutrición es un pilar clave tanto en el origen de diversas patologías como en el proceso de recuperación. “Perder peso de forma involuntaria es una señal importante. Avisar rápido permite actuar a tiempo y facilita la recuperación”, advierte la Dra. Marta Motilla, especialista de la Unidad de Nutrición del CCUN.

Una buena alimentación y mantenerse activo contribuyen a mejorar los resultados del tratamiento y el bienestar general, ya que un buen estado nutricional puede mejorar la tolerancia a la quimioterapia y contribuir a pausar o suspender menos el tratamiento. “Es necesario trabajar también el plano físico, con deporte y alimentación, a veces no es necesario apuntarse a un gimnasio, simplemente una caminata por un parque o un entorno natural puede ser de gran ayuda”, apunta Cristina Ramiro, del Comité de Pacientes.

La actividad física ayuda también a romper la dinámica que generan los ciclos de tratamiento. “Mantener la mente ocupada con hobbies o actividades que realmente aporten valor a uno mismo y generen disfrute no solo ayuda a llenar espacios de tiempo, sino que también produce una sensación de bienestar y crea ese vínculo que motiva a dedicarles un rato más cada día”.

Imagen silueteada de Merche Gil, miembro del Comité de pacientes del Cancer Center Clínica Universidad de Navarra.
“La importancia de encontrarse bien física y emocionalmente es enorme. Ayuda a vivir cada paso con más serenidad y a percibir el tratamiento no solo como una prueba difícil, sino también como una oportunidad de recuperación”

MERCHE GIL
Miembro del Comité de Pacientes del CCUN

Bienestar emocional y acompañamiento

Cuidar la salud emocional es igual de importante que atender el estado físico. Desde el momento del diagnóstico, el impacto psicológico puede ser profundo. Como indica la Dra. María Die Trill, especialista de la Unidad de Psico-Oncología, “no podemos olvidar que el receptor último es una persona con necesidades psicológicas, temores y dificultades para gestionar todas las emociones que surgen en el proceso oncológico”.

Ansiedad, negación, incertidumbre, aislamiento o depresión son reacciones frecuentes, tanto en el paciente como en su entorno más cercano. Para estos casos, la experiencia clínica demuestra que existen “terapias psicológicas basadas en la evidencia que facilitan la adaptación a un tratamiento altamente complejo. Entre ellas, se pueden destacar las técnicas cognitivo-conductuales, las de resolución de problemas, la reducción del estrés, los grupos de apoyo y las terapias complementarias, como la musicoterapia, la arteterapia o la escritura terapéutica”.

Imagen de una psicooncóloga sentada en un sofá y dos pacientes de espaldas.

La Dra. María Die Trill, durante un taller participativo de mujeres que han pasado un cáncer.

“Según mi experiencia, es necesario afrontar la enfermedad con la mejor de las actitudes posibles. Esto, que es tan importante, no siempre es fácil, pero si ves que no estás en tu mejor momento, debes pedir ayuda”, reconoce Leyre Armendáriz, del Comité de Pacientes, quien destaca la importancia del apoyo profesional y del acompañamiento entre personas que viven experiencias similares. “A mí me ayuda mucho pensar que, cuanto mejor estoy yo, más fácil se lo pongo a mi familia. Y, por eso, cuido mucho mi alimentación, hago ejercicio de fuerza, doy paseos largos y, sobre todo, agradezco estar como estoy cada día de mi vida”.

El entorno del paciente también desempeña un papel esencial y, a su vez, atraviesa su propio proceso emocional. Por eso, como recuerda Beatriz Luquin, especialista de la Unidad de Trabajo Social, es fundamental cuidar también del cuidador: “Acompañamos a la persona más allá del diagnóstico. No solo miramos la enfermedad, miramos la vida que la rodea para que tanto el paciente como su familia no recorran este camino solos ni desinformados”.

Imagen de una enfermera, un médico y dos doctoras consultando unos documentos de pie en un pasillo de hospitalización de la Clínica Universidad de Navarra.

Unidades transversales

Además de las unidades de Nutrición, Trabajo Social y Psico-Oncología, el Cancer Center Clínica Universidad de Navarra cuenta con los servicios de Asesoramiento Genético y de Control de Síntomas y Medicina Paliativa para ofrecer una asistencia transversal. 

“Evaluar la enfermedad desde la complejidad y el universo que es cada persona desde un equipo multidisciplinar es la mejor manera de dar respuesta a las necesidades del paciente y su familia”, apuntan los doctores Carlos Centeno y Borja Montero, de Servicio de Control de Síntomas y Medicina Paliativa. El objetivo es afrontar desde la realidad la enfermedad, con la delicadeza y los tiempos de cada uno, para acometer el futuro próximo, hacer planificación anticipada, prevenir complicaciones y adecuar el tratamiento. 

Para ello, la información es decisiva para poder tomar las decisiones más acertadas, especialmente en aquellos tumores donde el componente genético es elevado. Conocer esta predisposición hereditaria, que no significa un diagnóstico, te permite diseñar un programa de vigilancia, tanto para el paciente como para sus familiares de distinto grado. “De esta forma podemos actuar desde la prevención y, en caso de que se desarrolle el tumor, poder detectarlo de forma temprana aumentando así las posibilidades de un tratamiento con carácter curativo. Lo importante es contar con un equipo que interpreta los resultados y es capaz de acompañar y orientar a los pacientes”, explica la Dra. Maite Herráiz, directora de la Unidad de Asesoramiento Genético.